Una vez todos los listados, tanto los recibidos en la página como los que recibí en mi e-mail en su momento, contabilizados y tenidos en cuenta, es el momento, antes de la publicación de la lista definitiva, de ver algunos datos curiosos sobre cómo se hizo la votación. Lo primero que no nos puede sorprender es que sólo 3 corredores fueron votados como el mejor. En un listado subjetivo y muy dependiente de la valoración personal, el voto para el mejor se ha dispersado francamente muy poco, y es normal, pues los gigantes de este deporte están bastante diferenciados en cuanto a su importancia en el desarrollo del ciclismo como en su excepcional carrera. Por otro lado, siempre dentro de datos positivos, decir que el corredor que más veces apareció en listados fue Miguel Induráin, que sólo no estuvo presente en 2 de los listados del total. Con 3 ausencias estarían Fausto Coppi y Eddy Merckx. Para el podio definitivo, hasta 15 corredores recibieron voto entre los 3 primeros, destacando a Laudelino Cubino, poco ducho quizá para esas alturas(en el ránking, no en la bicicleta).(...)
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jueves, 27 de enero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
Éste es mi top-25
Me he permitido la licencia de puntuar 25 en vez de 10, por supuesto con la puntuación original de la Copa del Mundo de ciclismo. Aunque parece más sencillo que puntuar tan sólo a 10, es sin embargo más complicado, pues mientras que dejando sólo a 10 se tiene asegurado que un buen número de importantes referencias se caerán de la lista, con 25 parece que habrá sitio para unos cuantos más y sin embargo siguen cayendo muchísimos. Es el precio de la historia de un deporte centenario y rico en matices, en donde la emoción de los aficionados está siempre a flor de piel y susceptible a filias y fobias, a identificaciones personales, sin contar con la dificultad que entraña comparar diferentes épocas, desde corredores que corrieron en poco menos que caminos de cabras hasta la fibra de carbono y el túnel de viento. Sin más preámbulos mi lista ha sido la siguiente, que paso a relacionar por grupos:
(...)
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lunes, 15 de septiembre de 2008
Cuando ganar no es ético...
...y no tiene nada que ver con el dopaje. Y se podría haber terminado los tres puntos con ...y es un "peligro", porque tal y como lo tratan algunos, como Álvaro Pino, o el iluminado que ha escrito ésto, parece como si hubieran contratado al tipo que le pegó el puñetazo en el Puy de Dome'75 a Eddy Merckx para vencerles en mala lid. El ciclismo tiene estas cosas, que se defienda en el mismo párrafo la ética con el pactar un resultado, la ya centenaria técnica del apaño, "para tí la etapa para mí la general", que tanto, tanto daño ha hecho a la competición deportiva, que ha producido escandalosos episodios y que hoy en día todavía algunos siguen creyendo como la buena política para correr en el ciclismo, implorando al sumo bienhacedor, Miguel Induráin que, según algunos, se hizo grande por...¡dejar ganar a otros!. Luego, bochornosos episodios de la historia del deporte, como el que acabó con la Juventus de Turín en segunda división parecen ser monstruosos para los mismos que desvirtúan sin pensar la competición deportiva que, pese a todo, sigue siendo la competición ciclista. El apaño de unos no es lo mismo que el de otros, que se enfadan cuando no entran en la trampa apelando a la ética.
Pues a mí eso me parece una paradoja, ética y trampa en un mismo significado, en una misma corriente inexplicable que muchos confortan y justifican con la tradición, ese ente que se olvida en muchas cosas buenas que dota a la memoria pero que se desgasta en otras situaciones, como ésta, uno de los peores defectos del ciclismo. Me viene a la cabeza el otro defecto sistemático del ciclismo(y de otros deportes, por supuesto) que también suele justificarse por lo mismo, por la tradición, creo que sabemos todos a lo que me refiero. Tergiversando incluso en ese escrito se llega a decir que el ganador, Alberto Contador Velasco, el corredor que cruzó la meta en primer lugar, el deportista que realizó su recorrido en menos tiempo, es un Dios menor por ganar de esa manera. Como si hubiera dejado ganar al corredor en cuestión, el modesto Ezequiel Mosquera, fuera un Dios Mayor, revolviendo al ejemplo ilusorio de Miguel Induráin. Lo peor de todo ésto es que muchos verdaderos aficionados al ciclismo pensarán lo mismo, y aplaudirán sin embargo a otros muchísimos chuparruedas que ganan de la misma manera, pero no en una etapa como ésta. Me vienen infinidad de ejemplos, y en estas últimas victorias a todo ritmo de los españoles en todo tipo de carreras más en particular.
La competición es la competición, y el mejor sitio es para el que gana. Afortunadamente en el ciclismo las cosas no son estrictamente así, y los grandes esfuerzos, aunque sin premio, no suelen quedar sin reconocimiento, aunque sea el efímero del aplauso o la ola que pida el comentarista de turno. Así, algunos corredores han sido aclamados, y respetados, por precisamente no ganar, pero intentarlo con todas sus fuerzas, a veces, como en el caso de Raymond Poulidor, mucho más que otros ciclistas que sí ganaron. Ejemplos, muchos, como el del desaparecido Marco Pantani contra Lance Armstrong tras el desplante en el Mont Ventoux, que no sirvió al italiano pero que muchos recuerdan. O el último de Hinault, que no venció pero que atacó en todas partes, como el propio Zoetemelk unos años antes. No ganaron, pero su recuerdo aún perdura, seguramente por encima de ganadores eventuales de algunas pruebas que sí, figuran en un palmarés, pero no en la retina de los aficionados, esa que se va pasando de generación en generación y termina en mito, en leyenda. En un deporte en el que el ganador no es el todo de la ecuación, el propio apaño es el que acaba con la esencia, aunque los objetivos se diversifiquen. Por eso apelar al apaño es una forma patética de evaluar tu propia grandeza, te anula para el recuerdo.
Y poner el ejemplo de Miguel Induráin es un error, no una justificación. Cada uno corre como quiere, como le parece. Así como unos se ponen de pie en los ascensos, otros suelen hacerlos sentados. Pero una cosa no quita a la otra. Personalmente prefiero ver una etapa como la de ayer que el lamentable papelón de Jens Voigt y Juanma Gárate en el Giro de Italia de 2006 en el Passo di San Pellegrino, donde al alemán le faltó bajarse de la bicicleta para dejar ganar al español. Eso no es competición, y competición es lo que es el ciclismo profesional, no precisamente darse una vuelta por los alrededores del extrarradio de la ciudad de turno en un carril-bici pintado de rojo. Muchas veces se olvida. Mentando al navarro, casi siempre. Como ejemplo de deportividad(¿?) y de caballerosidad. Será ahora. Mayores caballeros que hubo en su momento en el ciclismo no los hay desde hace 20 años, ellos eran caballeros fuera de la carretera, con un respeto y unas maneras esquisitas, pero en el asfalto eran ciclistas, en el mayor sentido de la palabra, profesionales, y luchaban por todo por todos los medios, sin esperar en caídas, sin esperar en pinchazos, sin respetar la orina de un líder. Y no por ello algunos dejaron de convertirse en leyendas.
El apaño es más antiguo que el propio ciclismo, pero la competición también, por eso es un error apelar a la tradición, porque como tradición de competición pocos ejemplos hay como el ciclismo. Y si no se apela a la historia, se amenaza: "Que estén tranquilos porque los pobres también sabemos hacer daño aunque no podamos ganar" decía Alvaro Pino ayer. Su obligación como equipo es hacerlo lo mejor posible, no ayudar en otros tejemanejes porque te han dejado ganar en una etapa. No sólo se intenta el apaño, sino que si hubiera habido apaño, después hubiera vuelto a apañar para no hacer pupa a los bienhechores. Parece mentira que estas cosas no sean motivo de multas y sin embargo se saquen de contexto otras muchas cosas de este deporte. Bien es cierto que el chuparruedismo no es una práctica correcta, muy extendida en el ciclismo actual además, pero muchos sólo la tienen en cuenta cuando les parece. Muchas otras veces se produce sin necesidad de acabar con apaños y nadie dice nada, todos tan contentos con el ganador. Habrá que recordar simplemente que Eddy Merckx es el verdadero Dios Mayor del ciclismo(aunque sea una expresión torpe y basta), y muy pocas veces(una Paris-Tours a Basso aunque realmente hizo de lanzador) o ninguna dejó que los demás se llevasen su parte, porque el ganaba lo que podía, sin importar el desarrollo en la carretera, para eso era un profesional.
martes, 1 de julio de 2008
El Tour condona su deuda con Ocaña, Tour 1973
No hace falta decir mucho más, simplemente ahondar en las características de un ciclista soberbio, de un talento único que tuvo la mala suerte de encontrarse con el mejor, y que tampoco supo sobrellevar su carácter hacia las mejores prestaciones. Contrarrelojista fantástico, ganador del Gran Premio de las Naciones amateur y profesionalmente, en el que era el campeonato del Mundo no-oficioso de la época. Pero también un corredor de raza, de pedaleo ágil que le convirtió en un escalador tremendo, capaz de los cambios de ritmo más tortuosos para sus rivales. Y luego estaba su carácter. Fuerte, rudo en las formas, de sinceridad descarnada, así era el "español de Mont en Marsan", quizá poco racional en algunos momentos, que parecía que le faltaba un poco de repensar las decisiones antes de ejecutarlas. Pero sin ello no hubiera sido lo que fue, un aguerrido competidor, incapaz de dar nada por perdido por difícil que fuese. Y en el Tour de 1973 se encontró a la horma de su zapato, José Manuel Fuente, el escalador más impresionante de su época, a la altura de los Bahamontes, Gaul o Coppi. Subido en su bicicleta no había puerto en donde no impusiera su bailoteo extremo para sus rivales, de un hachazo dejaba seco al pelotón, y cuando nadie podía dar una pedalada más rápido, bajaba un par de piñones para "poder hacer distancia".
Si Ocaña era peculiar, Fuente era el "raro entre los raros", un ciclista único tanto dentro como fuera de la carretera, como el conquense, sinceridad meridiana, nada de justificar nada, simplemente luchar. Su pero: la concentración. No era un buen rodador, pero tampoco estaba preparado para concentrarse al 100%, parecía incapaz. Cuando estaba centrado, era imparable, sus rivales lo sabían. Cuando atacaba muchas veces le dejaban marchar, sabían que no podrían aguantar jamás su ritmo en montaña. Una vez ahí, cabían dos posibilidades, que anduviese fino y había que contar las pérdidas y estragos causados, o que le diera una de sus míticas pájaras por no comer, o porque su organismo se llenaba de las toxinas que sólo uno de sus riñones podía filtrar. Entonces 50 kilómetros más allá lo encontrarían a paso de tortuga llegando a meta como pudiera. En 1973 Ocaña venía de ser segundo tras Eddy Merckx esta vez en la Vuelta a España, que había dominado el belga para completar su palmarés. Venía en gran forma, se sabía con posibilidades pese a su mal Tour del año anterior. El caníbal no participaría después de haber hecho doblete Vuelta-Giro, y las posibilidades se abrían. Entre los rivales el eterno Raymond Poulidor, un corredor regular en todos los terrenos, un hombre al que la historia del Tour de Francia jamás le dio lo que hubiera merecido por méritos propios. El joven Bernard Thevenet, que había sido el tercero en la Vuelta y ya tenía etapas y buenos puestos en el Tour. Joop Zoetemelk, que había hecho podio en pasados Tours, Lucien Van Impe, escalador belga ganador de los últimos premios de la montaña...
El holandés da primero siendo líder en el prólogo disputado en su tierra, de nuevo dejando a Pou Pou con la miel en los labios siendo segundo por unas décimas. Las siguientes etapas son aprovechadas por los rodadores, y un Van Springel que se hacía con el amarillo tras una escapada culminada por Catieau, y por el equipo Watney-Maes de Wally Planckaert y Jens Verbeeck, que vencen sin trascendencia en la crono por equipos del primer sector del segundo día. Ocaña, que se había caído en principio sin consecuencias en la primera etapa, llega a la tercera con algún rasguño pero con una idea en la cabeza: dar un golpe mortal a los rivales donde menos lo esperan. La etapa termina en Reims, proveniente de Roubaix, la mítica localidad que cierra el infierno del Norte. Por supuesto, la organización ha preparado una carrera ratonera, con algunos tramos de pavé habituales en la clásica. El Bic prepara una encerrona en la vereda adoquinada de Querenaing, donde el viento cambia radicalmente a pasar a viento de cara casi al coronar, lugar donde ataca Ocaña junto a sus compañeros Catieau, Vasseur, Mortensen y Schleck, colándose con ellos el rapidísimo Cyril Guimard y unos pocos más. A más de 100 kilómetros de meta, toma descolocados a los demás favoritos, siendo Poulidor y su dorsal 1 los más proclives a la reacción.
El holandés da primero siendo líder en el prólogo disputado en su tierra, de nuevo dejando a Pou Pou con la miel en los labios siendo segundo por unas décimas. Las siguientes etapas son aprovechadas por los rodadores, y un Van Springel que se hacía con el amarillo tras una escapada culminada por Catieau, y por el equipo Watney-Maes de Wally Planckaert y Jens Verbeeck, que vencen sin trascendencia en la crono por equipos del primer sector del segundo día. Ocaña, que se había caído en principio sin consecuencias en la primera etapa, llega a la tercera con algún rasguño pero con una idea en la cabeza: dar un golpe mortal a los rivales donde menos lo esperan. La etapa termina en Reims, proveniente de Roubaix, la mítica localidad que cierra el infierno del Norte. Por supuesto, la organización ha preparado una carrera ratonera, con algunos tramos de pavé habituales en la clásica. El Bic prepara una encerrona en la vereda adoquinada de Querenaing, donde el viento cambia radicalmente a pasar a viento de cara casi al coronar, lugar donde ataca Ocaña junto a sus compañeros Catieau, Vasseur, Mortensen y Schleck, colándose con ellos el rapidísimo Cyril Guimard y unos pocos más. A más de 100 kilómetros de meta, toma descolocados a los demás favoritos, siendo Poulidor y su dorsal 1 los más proclives a la reacción.
Justo antes de la llegada a los Vosgos, Ocaña ha metido ya 2.34 a Raymond Poulidor, Zoetemelk, Thevenet y Van Impe, y más de 7 a Fuente. La general la pasa a liderar su compañero Catieau. En los primeros pasos montañosos se suceden las habituales escapadas sin peligro para la general, hasta la llegada de las estribaciones alpinas, donde Ocaña ataca el el Soléve en solitario para ponerse líder, un amarillo que podrá por fin llevar hasta París, no sin antes protagonizar la etapa más importante, la más espectacular de la historia del Tour de Francia. Cualquier buen aficionado sabe lo que ocurrió en ese mítico escenario entre Meribel y Les Orres, con La Madeleine, Galibier(por el lado del Telegraphe), Izoard y Les Orres por delante. A más de 100km de meta, en el Telegraphe ataca Fuente, deja despatarrado a todo el pelotón salvo a Ocaña, que intenta mantener el acuerdo de colaboración entre los equipos españoles con el Bic para la victoria de Ocaña en la general. Pero Fuente no atiende de pactos fuera de la carretera, hasta 30 hachazos da intentando dejar al maillot amarillo, sin poder lograrlo. Lo siguiente es historia, historia del gran ciclismo. Ocaña tira en solitario con el asturiano a rueda en el Galibier, en el Izoard y en Les Orres ya sólo, tras el pinchazo de el tarangu.
Al final 1 minuto diferencia a los dos españoles en la cima, a la que Ocaña llega absolutamente exhausto. Thevent llega a 7 minutos, regulando sus posibilidades de podio.después, la nada. Zoetemelk llega a 20 minutos siendo el ¡6º! en la etapa. Ocaña sentencia el Tour a lo grande, a lo Merckx. Al estilo de Orcieres Merlette en 1971, donde el propio caníbal había comentado que "había dominado al pelotón como el torero al toro en la plaza", después de sacar casi 7 minutos en solitario a todos los demás. No sería la última etapa ganada por el español en 1973, después de la increíble exhibición del día siguiente de vicente lópez Carril escapado en solitario casi toda la etapa, que cerraba el trayecto alpino. Ocaña ganaría la siguiente contrarreloj individual, sobre un Poulidor que abandonaría al día siguiente por una caida. La llegada de los pirineos lleva a otra exhibición del conquense, atacando en el Portillon y llegando a Luchon en solitario, donde Zoetemelk fue el único que le vio de cerca, y cómo no, también la etapa del Pui de Dôme, hoy casi olvidado, tenía que ser para el líder, en una de sus cimas más favorables tras un ataque en solitario. Pero aún faltaba la guinda, con la victoria parcial en la última de las contrarrelojes individuales, sobre un Thevenet que defendía su segunda posición sobre Fuente, que acabaría fallando también en su intento de conquistar el jersey de la montaña, que fue para Pedro Torres, que había ganado un etapón camino de Pau.
Así,
Luís Ocaña dominaba el Tour de Francia de 1973 a su antojo, uno de los mejores de la historia, marcado por la etapa más grande de todas las disputadas seguramente en los más de 100 años de la carrera francesa. Protagonizado por dos españoles, el Tour sin Merckx se convirtió en un toma y daca impresionante, en una exhibición de talento de un Ocaña que hizo olvidar la ausencia del caníbal. La increíble general terminaba así:
Luís Ocaña dominaba el Tour de Francia de 1973 a su antojo, uno de los mejores de la historia, marcado por la etapa más grande de todas las disputadas seguramente en los más de 100 años de la carrera francesa. Protagonizado por dos españoles, el Tour sin Merckx se convirtió en un toma y daca impresionante, en una exhibición de talento de un Ocaña que hizo olvidar la ausencia del caníbal. La increíble general terminaba así:
1. Luis Ocaña (Esp) en 122h25'34"
2. Bernard Thévenet (Fra) à 15'51"
3. José-Manuel Fuente (Esp) à 17'15"
4. Joop Zoetemelk (Hol) à 26'22"
5. Lucien Van Impe (Bel) à 30'20"
miércoles, 4 de junio de 2008
El precio de la historia
Tras la victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia, se ha abierto la posibilidad de que el corredor madrileño pueda lograr este mismo año lo que nadie ha conseguido desde que Bernard Hinault se coronara en Milán el 6 de Junio de 1980 tras el descalabro de Giuseppe Saronni unos días antes: tener en el palmarés las 3 grandes carreras por etapas, Tour de Francia, Vuelta a España y la mencionada ronda italiana. Curiosamente, dos de los 4 corredores que lo han logrado, Felice Gimondi y el propio Hinault, tenían 25 años(para cumplir 26 a término de año) cuando lo lograron, la edad que tendría Contador de conseguir ganar el maillot oro en Madrid en este 2008. No hace falta decir que el ciclista de Pinto es el único corredor en activo que puede lograrlo, con una edad muy temprana en la que es muy complicado destacar en un deporte que casi siempre se ha caraceterizado por mejorar desarrollos en relación a la edad, sobretodo en el tema de la resistencia y el aguante, además de la propia experiencia en carrera. Sin embargo este nuevo fenómeno va camino de igualar los registros de ese póker de ases que representa sin más argumentos el olimpo del ciclismo.
Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx y Bernard Hinault representan la gran historia del ciclismo desde 1953(año de la victoria semi-amateur de maitre Jacques en el Gran Premio de las Naciones) hasta la pronta retirada de le blaireau, en 1986. 3 décadas de ciclismo escrito con letras de oro, de gestas, de protagonistas y de palmareses excepcionales. Cada uno en su estilo y en su época marcaron las tendencias a seguir por sus rivales. Tan sólo en el caso del italiano, que tuvo la mala suerte de convivir con el caníbal, existe fricción entre los dominadores. Jacques Anquetil se retiró a finales de los 60, justo en el momento de arranque de la carrera de Merckx, que a su vez fue difuminando su dominio hasta la ruidosa llegada de Hinault a finales de los años 70. Gimondi desde la irrupción del caníbal en las grandes vueltas en su primera "grande", el Giro de Italia de 1968, sólo pudo vencer en una, precisamente el Giro del año siguiente donde Merckx fue descalificado con la maglia rosa, y se dedicaría a coleccionar puestos de honor y pódiums, siendo el corredor con mayor número de ellos en la carrera transalpina.
Los 4 eran corredores de una gran versatilidad, pese a que fueran principalmente más regulares que escaladores. Anquetil tuvo un genio en la contrarreloj sólo comparable a Miguel Indurain, siendo probablemente el peor en la montaña de los 4, el que peor lo pasó, y el que tuvo que resistir los ataques de los mejores escaladores de la historia, entre ellos Federico Bahamontes, Charly Gaul o el propio Raymond Poulidor, que también fue coetáneo de Gimondi y Merckx. Felice Gimondi, fichado por el Salvarani por vencer el Tour de promesas y que ganó la ronda francesa el año de su debut, fue un corredor de una clase absolutamente maravillosa, completo en casi todos los terrenos, y con una inteligencia en carrera tremenda, con un conocimiento altísimo de sus rivales y de sus propias fuerzas, y sirviéndose de ello para leer la carrera. De esa manera ganó el campeonato del mundo de Montjuic de 1973, donde aprovechó la guerra declarada entre Maertens y Merckx en un grupo en el que también estaba Luis Ocaña(que ganó el bronce) para hacerse con la victoria. Del ogro de Tervueren poco se puede escribir de su grandeza, así como de Bernard Hinault, a los que ya relacioné no hace mucho tiempo en este post. Estamos hablando de 4 grandes sin discusión de la historia del ciclismo.
En este escenario aparece la "posibilidad" de Alberto Contador. Dejando de lado la edad ya que como se ha visto no tiene mucho que ver en estas comparaciones, ¿podría decirse que sería un digno socio del club?¿quedaría elegante un repóker con el ciclista madrileño? Evidentemente es pronto para analizar cualquiera de las dos cuestiones, acabe ganando o no acabe ganando la Vuelta a España Contador este año o cualquiera de los sucesivos. La grandeza de los nombres a los que sería añadido o vinculado el de Pinto es enorme, comprendida en más de 30 años en los que fueron alma y protagonista de los momentos que hasta hoy nos han llegado, de lo que ha sido y sigue siendo la edad dorada del ciclismo. Quizá la mayor grandeza de éstos corredores no la representen sus victorias, su triple corona o su palmarés. Quizá la mejor comparación se pueda hacer en la propia competencia que tuvieron que sortear para poder vencer en las grandes. En eso, hoy por hoy es donde Contador sale peor parado. Si echamos la vista atrás, y vemos los rivales a los que se enfrentaron nuestros 4 protagonistas, salen nombres como los de Federico Bahamontes, Charly Gaul, Roger Riviere, Raymond Poulidor, Jan Janssen, Gastone Nencini, Joop Zoetemelk, Luis Ocaña, José Manuel Fuente, Giuseppe Saronni, Francesco Moser, Giovanni Battaglin, Giuseppe Saronni... corredores que están por derecho propio entre los más ilustres de siempre.
Es difícil ver en esa lista a Levi Leipheimer, Marzio Bruseghin o Cadel Evans, corredores ya contrastados y veteranos que será complicado que dentro de 20 años les veamos como vemos a Ocaña, o a Gaul. En otros casos, como el de Riccardo Riccó todo puede pasar aún, la juventud y calidad que atesora puede darnos grandísimos duelos, o no, como Michael Rassmussen, Alexandre Vinokourov o Ivan Basso que se quedaron fuera de juego de cualquier manera,u otros de forma natural, y no artificial. Como dije antes, aún es pronto, muy pronto para poner en su sitio las victorias de cualquier corredor que ahora asome en los palmarés o asome en los hitos del ciclismo. El propio tiempo pondrá a cada cuál en su lugar, y nos dará la perspectiva correcta para poder hacer nuestro análisis, que hoy por hoy evidentemente no es satisfactorio para dimensionar las victorias de este escalador que puede entrar en un club elitísimo y que aunque muchos, en una pirueta oportunista quieran encajonar con los grandes, no se encuentra. Ése es, sin duda, el precio de la historia.
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sábado, 26 de abril de 2008
Prohibidos sacrilegios
Mañana domingo es un día señalado para el ciclismo. Cuando en el invierno se ven en la distancia los momentos importantes de la temporada venidera siempre se pone un hito en Abril, como también se pone en Julio. La hoja de ruta, el librillo del ciclista cuenta con unos puntos indescartables, unos puntos que rinden culto a esa extensa y muchas veces en la actualidad olvidada liturgia que ha hecho grande este deporte. Los cappos de la costa mediterránea de Liguria que desembocan en San Remo, la capilla de Geraardsbergen rumbo a Ninove de De Ronde, el trouée de Aremberg del infierno del norte, el muur de Huy en la Flecha Valona, los dolomitas italianos y los alpes y pirineos franceses junto a la clásica de las clásicas, la carrera de un día más codiciada por los corredores sin discusión, la Lieja-Bastogne-Lieja. La carrera más antigua de las que aún hoy se sigue disputando, que comenzó a rodar en 1892 y que mantiene ese halo mítico de las competiciones deportivas más distinguidas.
Y como casi todo en el ciclismo, pero aún más tratándose de un monumento del mismo, es un homenaje anual a la grandeza de éste deporte y también un termómetro donde valorar su estado de forma, si llegó o no a la muerte natural, o si aún es posible salvarlo. Un punto donde la historia, las gestas, la dureza y la belleza se encuentran con la modernidad, los cuadros de fibra de carbono y los pinganillos. Es siempre importante guardar un buen tributo a la historia viva, porque casi siempre representa lo mejor del pasado y poner una pica en su memoria es simplemente desvirgar la pureza y la grandeza de toda una forma de sentir, casi de vivir. Pero en competiciones de este calado, de esta importancia, de la memoria irreductible e imborrable de tantos que tanto dieron, es casi un delito faltar a la cita con el pasado, con las glorias legendarias que surtieron de pasión y espectáculo las carreteras, en este caso, en las carreteras y caminos de las ardenas valonas. No es sencillo nunca estar a la altura de las consecuencias, y más en un deporte moribundo que cierne sus penas en su activo más importante que es sin duda su admirable pasado, pero para ello existen o deberían existir para muchos los ejercicios de responsabilidad, el poder echar la vista atrás y contemplar la grandeza.
Porque Lieja-Bastogne-Lieja no es sin más una carrera dura por un recorrido plagado de cotes(en el otro lado de la frontera flamenca muurs o bergs y en español colinas, muros o subidas cortas) y con un kilometraje que raya con los antiguos calvarios. Es una mezcla de dureza y sentido del respeto. Así como en los campos elíseos de París una vez llega un extenuado pelotón a sus últimas vueltas no se puede ir a ritmo de burra esperando acontecimientos porque es una falta de respeto a una tradición que tan sólo llega desde 1975, en la Lieja no se debe pensar nadie que la clave del éxito estará en ganar de cualquier manera. En carreras como ésta es donde se forja la leyenda, esa es sin duda la característica que las diferencia de otras con trazados de parecida dureza y perfil. En las carreteras en las que mañana muchos se enfrentarán a la carrera más dura para sus piernas de toda la temporada y ni siquiera la terminarán, se han hecho grandes muchas de las más insignes personalidades del ciclismo en la historia. En estos parajes corredores como Eddy Merckx, Bernard Hinault, Fred De Bruyne, Ferdi Kubler o Sean Kelly pasaron de ser grandes campeones a auténticos mitos para siempre.
Curiosa es la historia de la carrera con los dos mejores corredores de la historia, Eddy Merckx y Bernard Hinault. Si Eddy Merckx encontró en Milán San Remo su lugar para demostrar al mundo que sería un caníbal que deboraría a cualquiera que se pusiese en su camino, y en el Giro de Italia y el Tour de Francia que era un corredor preparado también para las grandes, en Lieja-Bastogne-Lieja encontró el lugar perfecto para poner en funcionamiento toda la potencia de que sus piernas eran capaces de llegar(ganándola en 5 ocasiones). Es posible que se tratase de la carrera que mejor le iba a sus características, ya que a su increíble capacidad para rodar en llano con una posicición siempre de fuerza tremenda, le unía la impresionante potencia y empuje en las cotas, donde apenas sin levantarse podía imponer una velocidad incapaz de seguir para nadie. Su lugar primordial para probar era la côte de la Redoute, la más significativa de toda la prueba, una de las más duras con 2.1 km al 8% de media, y uno de los lugares más místicos de la historia del ciclismo. En su primera victoria, en 1969 se escapó aún antes, con su compañero en Faema Victor Van Schil, que en Saint Tillman estaba absolutamente rendido. Sin embargo, y con 8 minutos de ventaja sobre el pelotón, Merckx intentó que llegara con él a meta y así ocurrió, en la meta de Ans ganaba Merckx con su compañero segundo, y el grupo perseguidor a varios minutos.
En todo caso Merckx consiguió su victoria más impresionante en 1972, cuando atacó en la cota de Stockeu y se fue en solitario durante más de 50 kilómetros levantando los brazos en la llegada con mucha más tranquilidad(más de 2'30''de ventaja sobre Wim Schepers) que el año anterior, en el que un ataque en solitario desde la côte de Wanne le había hecho ganar una renta de 5 minutos que se diluyeron en los últimos 20 kilómetros, donde fue alcanzado por George Pintens(que ganaría en 1974) al que le ganó al sprint después de no haberle dado ni un solo relevo, no por falta de ganas, sino por absoluta incapacidad dado el desfallecimiento que había sufrido, y que también machacó a Pintens en el último suspiro. Pero quizá el corredor con la mayor gesta en Lieja sea Bernard Hinault. Le Blaireau consiguió en las carreteras valonas el primer gran triunfo de su carrera, con 23 años venciendo en un sprint de grupo ante nada menos que Didi Thurau. Esta gran victoria, del que se decía que era un grandísimo contrarrelojista(lo que demostró en Octubre imponiéndose en el GP de las Naciones) y un un corredor duro en la montaña, fue el inicio de un palmarés increíble. Pero también de una personalidad extraordinaria y un ganador siempre fiel al máximo espectáculo.
Y en 1980 iba a tener las condiciones perfectas para machacar a sus rivales, en unas condiciones dantescas de nieve y viento que hicieron recordar a los más viejos del lugar la funesta edición de 1919, donde Léon Devós, el final ganador de esa edición, y todos sus compañeros de pelotón debieron esperar hasta 2 horas en Bastogne a que se pudiera reanudar la carrera ya que la nieve hacía absolutamente inviables las carreteras que iban a recorrer, y finalmente sólo acabaron aquella edición 6 corredores, con 2 de ellos sin tiempo exacto de llegada, con temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. 61 años después el paisaje blanco también era el protagonista de unas mejoradas carreteras valonas, y le dieron alas a Hinault para iniciar una gesta que aún siempre se recuerda cuando se habla de la Lieja-Bastogne-Lieja. Sólo terminaron 21 ciclistas, y el francés sacó al segundo más de 9 minutos en meta, en un ejercicio de concentración y fuerza absolutamente increíble. Pero otros muchos también se hicieron un nombre en esta carrera, sobretodo Moreno Argentin y Michele Bartoli en las últimas décadas, quizá los dos últimos corredores capacitados para tener cierto status de dominadores de la carrera, una carrera en la que cada vez más es más difícil repetir victoria.
Pero como hemos visto, las victorias nunca significan lo mismo. Y no es lo mismo un bonito espectáculo en el símbolo, la Redoute, con favoritos atacando(como Bartoli y Vandenbroucke en 1999, o Bettini un año después con Garzelli) y dejando una carrera rota a 35 kilómetros del final que se convierten en un espectáculo grandioso de grupos luchando a través de un tobogán, que una carrera en la que todos escatimen esfuerzos para ver si llegan con opciones a Ans y les viene una inspiración divina en un sprint que casi nunca llega a buen puerto. En estas carreras es el momento de la valentía, del espectáculo y del inconformismo, no manchemos el ilustre historial de la carrera con victorias de corredores que sólo muestren su cara a 100 metros del final. Eso también es demostrar que el ciclismo ha cambiado, ha cambiado a mal. Y esas cosas, además del tan cacareado dopaje, dañan no sólo la imagen actual del mismo sino también la legendaria historia que ha mantenido viva siempre este tipo de monumentos, de fechas señaladas y esperadas por tantos. Esperemos que los ciclistas entiendan que el realizar sacrilegios en pruebas mágicas como ésta no sólo les daña a ellos, daña al ciclismo en general. Esperemos que el chuparruedismo, el pinganillo y la la falta de valentía no nos impidan rendir a esta histórica cita el espectáculo que se merece y la hizo grande.
viernes, 28 de diciembre de 2007
Cuento de Navidad
Érase una vez, un pequeño hombrecito de Meensel-Kiezegem llamado Edouard Louis Joseph. Había nacido en una familia normal, ni muy rica ni muy pobre, pero que dependía única y exclusivamente de su duro trabajo para salir a delante. Le gustaba salir con los amigos, holgazanear lo que podía y pasar buenos ratos junto a su compañera fiel, su bicicleta de paseo, sin marchas. Le gustaba tanto montar en ella, que se pasaba tardes y tardes muertas por ahí, ganando en sus primeras carreras a sus amigos, en las calles cercanas. Soñaba con ser un referente, el más grande, y decidió que debía trabajar para ello. Entrenó, entrenó y entrenó, y ganaba casi siempre, y cuando perdía, lloraba, lo pasaba mal. ¡Cúantas malas tardes y noches pasó recordando alguna derrota! Y decidió una cosa: como no le gustaba perder, haría todo lo posible para que en la carretera, en las carreras, fuera casi invencible. Desde muy pequeño, con 19 años, se convirtió en campeón del Mundo Amateur, era un referente en su país. Hablaban de un corredor muy fuerte que nunca quería perder, que luchaba todo. Se hacía su propia leyenda.
Y con esfuerzo, con tesón y con una calidad que sólo la Divina Providencia le había concedido a él, se convirtió en Eddy, en "el caníbal", en "el ogro de Tervueren", cualquier apelativo parecía quedarse corto al lado de su grandeza. Sus rivales, hartos de su dominio incontestable(ganaba casi 1 de cada 2 carreras) intentaban ponerse de acuerdo, acabar con él juntos. Pero no podían, Edouard tenía la capacidad para imponerse a los más difíciles retos. Desde su primera Milán-San Remo con 21 años y unos cuantos meses, hasta su primer Giro de Italia con aún no cumplidos los 23, se mostró como un joven talento, como la estrella rutilante que el ciclismo necesitaba tras la muerte de Fausto Coppi y los declives de "la generación de oro" de este deporte. Pero él no cayó en la pasividad y la inercia de la fama. Sabía que su éxito estaba basado en parte en su esfuerzo, y por lo tanto no sería lo mismo sin él. Se pasaba el invierno trabajando, corriendo, entrenando y alimentándose correctamente. Iba a los velódromos y allí también destacaba, con su habitual Patrick Sercu. Corría tras moto, en los 6 días, en lo que fuese. Sus Navidades eran justamente otro pasaje de su trabajo.
Con la profesionalidad por bandera, cuando fue cumpliendo años, y vió que su cuerpo ya no podía aguantar tanto trabajo en todos los frentes, se dedicó a cuidarse especialmente, sobretodo su espalda, maltrecha del accidente del velódromo de Blois que casi le deja paralítico. Muchas noches se levantaba y ajustaba al milímetro su bicicleta, se subía, probaba cómo le iba con su espalda. Entrenaba lo suficiente, lo que él veía que necesitaba para estar a tope en los muchos momentos en los que necesitaba su mejor forma para derrotar a unos rivales cada vez más sedientos de derrotarle. Llegaron momentos buenos, los dobletes Giro-Tour, las grandes etapas, las clásicas, bajo la nieve, el viento, la lluvia, rivales incansables intentando derrotarlo. Y llegaron también momentos malos, derrotas, corredores que ponían su capacidad al máximo de posibilidades, caídas y, por qué no, positivos puntuales. En una balanza, sin embargo, cualquier cosa se quedaba pequeña al lado de la calidad y la cantidad del trabajo logrado. Se había convertido por méritos propios en el más grande, en el nombre que todos al nombrarlo inculcaban respeto y los principios del esfuerzo y la grandeza. Aprovechó su momento, aprovechó su calidad con el trabajo y la profesionalidad de cualquier persona que depende de su obra para sobrevivir. Y llegó al Olimpo.
Unos años después, el año en el que Luis Ocaña y el tarangu daban al mundo la mejor etapa de la historia del Tour de Francia, nacía un querubín que respondía al nombre de Jan. Como buen ciudadano de la Alemania Democrática, su educación fue estricta como también lo fue su enseñanza deportiva. La necesidad de demostrar al mundo que con trabajo se podía conseguir de un país pequeño una superpotencia, hacía de las competiciones deportivas el lugar perfecto para medirse con los decadentes países capitalistas. Por lo tanto, la dinámica de entrenos y la estricta disciplina hacía de niños y adolescentes auténticas máquinas deportivas sin sentimientos. Largas concentraciones lejos de la familia, profesores agresivos, nulo tiempo de privacidad. En ese ambiente, Jan creció en el Dynamo de Berlín dentro de las Kinder und Jugendspartakiade. Destacó sobretodo en ciclismo y atletismo, por su capacidad cardiobascular. La madre, que había criado a sus hijos sola, tenía un filón, un hijo que podía ser un héroe. Y en esos finales años del muro de Berlín, así siguió, con un estático plan de entrenamientos duros y pertinaces. Pero el trabajo duro dio sus frutos. Con 19 años, como nuestro anterior protagonista, el chico ganaba en Oslo el campeonato del Mundo amateur.
Ese mismo año pasaba al Telekom como profesional, todo lo que un corredor tan joven alemán puede soñar. Crecía en el equipo, con corredores a su lado de la talla de Erik Zabel, del que se esperaba mucho en los rosas, Olaf Ludwig, Rolf Aldag o Udo Bolts. Con la llegada de Bjarne Riis, que había sido podio en 1995, se aseguraban un hombre para la general, y un Ullrich gregario debutaba en el Tour siguiente, para dejar boquiabiertos a todos. De él se sabía que era un gran contrarrelojista, había ganado a los superespecialistas teutones el año anterior en el campeonato nacional de contrarreloj, y que era un hombre capaz para casi cualquier terreno, pero que con 22 años y medio pudiera ser segundo en el Tour tras su compañero, haciendo unos pirineos prodigiosos sólo lo podían pensar sus fans más optimistas. Pero la Divina Providencia le había dado el don del talento. De ser una central nuclear, incapaz de atacar como los escaladores pero que machacaba con sus cambios de ritmo. Los mismos que utilizó para ganar el Tour de 1997 con una claridad meridiana que asombraba al mundo ciclista. Otro prodigio, otro corredor joven con todo que ganar, al más puro estilo francés de los 80, 23 años.
Pero a Jan no le gustaba el ciclismo. Lo hacía porque era lo que mejor se le daba, pero no tenía ninguna vocación por él. Por eso, llegaban los inviernos y en vez de apurar las comidas, de no descuidar su cuerpo ni su forma, no sólo engordaba varios kilos de más, sino que era asiduo a fiestas nocturnas, propias de su edad, pero impropias de un deportista de élite, y menos en un deporte como el ciclismo. La falta de personalidad en carrera, que le hacía apático en ocasiones le dejaba K.O. en el Tour que podría haber sido de la confirmación. Bajo la lluvia no fue capaz ni de utilizar a su equipo ni de sobreponerse, acabando con una pájara legendaria por no comer en el descenso. Y a partir de ahí, los problemas, y la colección de puestos de honor. Todos eran conscientes de que era el corredor con más clase del pelotón, pero no lograba sobreponerse a la presión, ni a su falta de preparación invernal. Las Navidades eran días de comidas exageradas y ningún hábito de entreno. Para una persona que no disfruta sobre la bicicleta, es difícil estar en los momentos en los que lo que cuenta es la fuerza de voluntad. Su enorme capacidad se fue diluyendo en acciones equivocadas, propias de un niño malcriado más que de un veinteañero serio. El positivo por anfetaminas fue la gota que colmó el vaso.
Además, su alter ego personal, el hombre que había vencido a la muerte, le ganaba en la carrera gracias a su mentalidad, a su poder de concentración y su profesionalidad. Lo que le habían inculcado a Jan de pequeño, que con trabajo se conseguía casi todo, se lo demostraba un representante de esos decadentes países capitalistas. Mientras él, que despreciaba todo lo que había vivido de juventud, tiraba sus enormes posibilidades en un cúmulo de grasas, fiestas, azúcares y debilidad. Y el final no podía estar lejos. Fue la Operación Puerto, como podía haber sido cualquier otra cosa. En este caso, las sombras llenan a un tipo vació, un juguete roto que pudo ser y no fue. Porque, y aunque tenga casi mejor palmarés que cualquier otro ciclista de su generación, ni eso lo es todo, ni es una ínfima parte de lo que podría haber conseguido, simplemente con un poco de esfuerzo, con unas Navidades controladas y con sentido de la profesionalidad. Y colorín colorado, este cuento, se ha acabado. La moraleja de esta historia es que en el ciclismo, como en todo, el trabajo al final es importante y determinante. Se puede ser un elegido y conseguirlo todo y se puede serlo y no conseguir más que oscuridad y condescendencia. Pero hay algo que pasa de un lado al otro, el trabajo duro, la profesionalidad.
Deseando que os haya gustado, no me falta más que desearos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo!
jueves, 22 de noviembre de 2007
Bernard Hinault, equidistancia perfecta.
Entre otras cosas se preguntaban sobre sus recuerdos más bonitos, en los que ambos recalaron en su primer Tour, y en el Campeonato del Mundo. Cómo no, Merckx tuvo unas palabras para con el Giro de Italia, la carrera que le convirtió en un hombre-Tour. O mejor, donde demostró que no sólo podía ganar clásicas y carreras cortas. También recordaron sus equipos, sus "domésticos", y los recelos que recibió Merckx en su primer equipo(de, cómo no, Rik Van Looy). Pues bien, la idea de este post llegó cuando Merckx preguntó a Hinault sobre los ciclistas a los que admiraba, y que le hicieron subirse a la bicicleta de forma profesional. El bretón contestó sin dudar que el propio Caníbal, y "maitre" Jacques, Jacques Anquetil, fueron sus modelos, uno cuando era un niño, el otro cuando era amateur. Mostraban una foto que, curiosamente, ambos guardaban un gran afecto: la visita que hicieron a un ya enfermo Anquetil a su palacete, los tres vestidos con el maillot amarillo del Tour sonriendo a la cámara. Pura historia del Tour de Francia, entre los 3 suman más victorias en la General que cualquier país salvo Francia y Bélgica. Curiosa relación de corredores. No recuerdo en qué orden estaban colocados en la ilustración, y no he encontrado en la red la foto, pero si alguien debía estar en el medio, ése debía ser Hinault.
Algunos pensarán que por antigüedad, eso no podía ser así. Otros pensarán otros factores. Yo me quedo con el factor ciclista. De ahí el título del artículo. Pura equidistancia, equidistancia entre dos formas de concebir y vencer en el ciclismo, de dominar sus épocas respectivas, de mostrar superioridad. Porque maitre Jacques si se le puede reconocer con algo, es con un cronómetro. O cronógrafo como dice Antonio Alix. Medía las posibilidades, la situación, los rivales, el premio y la distancia. Y con ello intentaba resolver la ecuación de la manera más económica posible. Pedaleando como un reloj, manteniendo el ritmo, con el mínimo esfuerzo que pudiese. Sacando el tiempo que podía en su terreno, la contrarreloj, y plegando velas y contando pérdidas en la montaña. No había alardes, era un puro ejercicio de cálculo, de racionalizar la competición en un simple teorema de tiempo, de distancia y velocidades medias. No había fantasías innecesarias, magia, ni ganas de pensar en hacer algo que a lo mejor no estaba en sus piernas. Él tenía que ganar con lo que podía contar, con lo que sabía que no le podía fallar. Así utilizó sus fuerzas en la crono, así utilizó sus gregarios en los momentos duros, las alianzas incluso, de forma magistral. Y consiguió ser un gran campeón, con un palmarés magnífico, con un respeto merecido y ganado a pulso, con muchísimo esfuerzo. Pero la afición, que empezaba a acostumbrarse a las andanzas de los audaces como Fausto Coppi, prefería al entrañable Raymond Poulidor, que no ganaba, pero lo intentaba aunque fuese a 100 kilómetros de meta. Las ecuaciones para los matemáticos, podían pensar.
Merckx, ya le conocemos, era el ciclista total. Era el corredor que intentaba ganar todo lo que competía y en sus años mozos competía de febrero a octubre en carretera, y fuera de ella corría los 6 días en pista con Patrice Sercu, entre otros. Incluso se atrevió con el cyclo-cross. No había nada que no intentase, en carrera y fuera de ella. Maillots, victorias parciales, generales, sprints intermedios, puertos de montaña. Todo. Lloraba de niño si no ganaba, y entrenaba más tiempo con 13 y 14 años solito por ahí para el siguiente día vencer a quién fuese. Lo corrió todo y lo ganó casi todo, con exhibiciones incontables, con un afán constante de mejorar lo mejorable. Si había ganado una carrera lo intentaba hacer pero por más tiempo, si iba con el maillot de líder, intentaba hacer ver a sus rivales que no podrían dejarle atrás. Su ciclismo no era tan inteligente(que en el tema gregarios fue excepcional) como el de Monsieur Crono, era salvaje. El ogro de Tervueren, el Caníbal. No había nada que no deborase, o quisiese deborar. El récord de la hora, cantidad de días de amarillo, etapas ganadas en el Tour, victorias en San Remo, en Lieja. No había desgaste mental, pero sí físico. Tanta gesta, tanto acelerón, tanto ir cara al aire se acaba pagando, sobretodo cuando las fuerzas no acompañan, y fue en no demasiadas veces en su carrera, pero ocurrieron. La gente le idolatró, la prensa se rendía a sus pies. Su altura como competidor, como deportista competitivo no tiene parangón en la historia. E Hinault conocía todo ésto, lo había vivido.
Y él fue la figura que encontró la mezcla perfecta entre el oportunismo y frialdad de uno, con la espectacularidad e inconformismo del otro. Porque Le Blaireau era capaz de vencer de las dos maneras, porque no renunciaba a ninguna. Como Anquetil sabía que su cuerpo tenía unas capacidades finitas, y había que aprovecharlas al máximo para sus mayores objetivos. Por eso no quiso disputar el Récord de la Hora en condiciones, porque, como él mismo decía, "tenía que estar en forma en otros momentos de la temporada, y no podía ponerlos en peligro". Como Merckx, hizo algunas de las gestas más espectaculares y consiguió algunas victorias escandalosas, al más puro estilo de los 50 a finales de los 70 principios de los 80. Su Lieja-Bastogne-Lieja bajo la nieve es uno de los espectáculos más grandes de la historia de este deporte. Su carrerón en Serranillos, sus cabalgadas en los puertos, sus ataques en París de amarillo, incluso en su último Tour fue capaz de intentar poner contra las cuerdas a su compañero Lemond tras atacar en la bajada del Galibier camino de Alpe D'Huez. Incluso pudo emular al belga venciendo lo que no consiguió Anquetil, el Campeonato del Mundo, en 1980 en Sallanches culminando lo que dijo 4 años antes: "si se hace un campeonato del Mundo en Francia lo ganaré".
Como Anquetil, su relación con Cyril Guimard le hizo más concentrado, más profesional, emulando a la relación entre el normando y Raphaël Geminiani, esa relación corredor-director. Como Merckx, sabía perfectamente como tratar a sus gregarios, como ganarse su confianza y apoyo, y tenía la valentía y carácter suficiente para imponer su voluntad por encima de cualquier otra. Pero Bernard Hinault incluso pudo "aprender" lecciones que siquiera había él recibido. Como corredor inteligente y habituado a la victoria como los otros dos grandes, no quiso cometer el "error" que ellos sí cometieron: se retiró a tiempo. Se ahorró el mal trago de lesiones, problemas físicos y ver como las nuevas generaciones superaban a los veteranos. Su último Tour, el de 1986 que vencío Greg Lemond al que poco antes me refería, consiguió ganar 3 etapas, el maillot de la montaña y quedar segundo tras su "compañero". Esa temporada se preparó para terminar su vida deportiva con un Tour para recordar, y lo consiguió de manera espectacular, con una mezcla de Anquetil y Merckx. Como el normando, escondió sus cartas, relegando públicamente a Lemond la responsabilidad de vencer el Tour. Como Merckx, cuando las cosas se vieron favorables tras la etapa de Pau que venció Pedro Delgado, lo intentó hasta el final, de cualquier manera y a la heroica cuando volvió a verlo perdido.
Por unir las dos esencias, consiguió 215 victorias(kernesses y critériums incluidos), con 5 Tours de Francia y 28 etapas, 3 Giros de Italia y 6 etapas(dos dobletes Tour-Giro 82' y 85') y 2 Vueltas a España y 6 etapas en el plano de las grandes Vueltas, con 6 Grandes Premios de las Naciones, uno de manera amateur, de crono(el lugar natural de Anquetil), y por otra parte 2 Liejas, 2 Flechas valonas, 2 Giros de Lombardía, París-Roubaix, Amstel Gold Race... en el territorio Merckx. Su estilo de correr, como él decía "con el virtuosismo de un violinista" en los piñones pero con cambios de ritmo audaces y descarados como los de Merckx le hicieron inigualable, muy complicado de batir en grupos, en 1 contra 1 o en contrarreloj, del que era un auténtico especialista. Completo e inteligente en carrera, pendiente de cada movimiento, creció en su equipo de toda la vida para convertirse en un referente del ciclismo francés, compartiendo con maitre Jacques el honor de las 5 victorias en el Tour y probablemente siendo el más completo de todos los ciclistas que haya dado el país galo. Este granjero de hoy, que cuida personalmente a sus vacas, demostró que la victoria espectacular en el ciclismo no va reñida con la frialdad, con la contemporización de los objetivos. Por ello, consiguió ser uno de los grandes, a la altura de nombres como Coppi, Anquetil o Merckx, en el Olimpo del deporte.
lunes, 15 de octubre de 2007
El hombre que apuñaló a Homero
Este lunes parece ser que la organización del Tour de Francia hará entrega a Óscar Pereiro Sío de su maillot amarillo en relación a la edición del año pasado, en presencia, como no, de don Jaime Lissavetzky, presto a "ayudar" a los ciclistas en particular y ante todo a mostrarse con alguno de ellos preferiblemente. Quizá para que algunos se olviden de su papel en los meses posteriores(ya casi años) a la Operación Puerto. Nunca se sabe, y no os preocupeís, este blog no suele tratar de este tipo de cosas y no lo hará en esta ocasión. Ni mucho menos de la ética del momento, de los juicios pasados, del tiempo que ha pasado desde el 23 de Julio de 2006, de la complicidad perdida entre los dos protagonistas del podio de aquél día ni de si es lícito dar al segundo clasificado lo que pierde el primer clasificado por dopaje. Esos pensamientos, como digo eminentemente éticos y reflexivamente personales, creo que están de más en este momento de la película, y, si me lo permitís, creo que están mejor en la privacidad de nuestros propios designios neuronales. El protagonista de este blog siquiera será el protagonista de la foto, sólo el brazo ejecutor.
Simplemente el que apuñale al que se le han atribuído las primeras grandes historias de esos héroes sin igual, de esas epopeyas grandilocuentes, el que acabe con el Homero figurado del ciclismo. Y ese no fue otro que Floyd Landis, al que algunos llaman acertadísimamente(desde un modestísimo blog, por ejemplo) "DisneyLandis". Porque el ciclismo es grande por las jornadas épicas. El ciclismo nace del esfuerzo y la superación y se embellece con la valentía y el inconformismo. Esos dos valores, esas características únicas que forman la actitud temeraria de todo gran héroe, son las que nos han dejado los verdaderos momentos para el recuerdo de este deporte, los que los distinguen de otras situaciones más normales, más habituales, incluso más racionales, que se funden y confunden en la memoria de vez en cuando, haciéndonos incapaces de reconocerlas por sí solas más que como un grupo de repeticiones más o menos parejas de actos semejantes. La importancia del ciclismo en cuanto sobretodo a otros deportes es justamente ésa. Se desmarca de palmareses grises y oxidadas copas en vitrinas hacia el reconocimiento ante el héroe de a pie, hacia el temerario que cruzó los límites de lo "normal" y conquistó el triunfo. La posibilidad del cambio irracional, de que algo no planeado cambiara por completo el resultado racional. Esa es la magia de éste deporte, que, por otra parte, multiplica la susceptibilidad de cambios con la climatología, los problemas en las bicicletas, las caídas, estados de forma...
Esa visión del ciclismo hizo mito a Fausto Coppi, dejando gris parduzco a otros corredores importantes de su época como Fiorenzo Magni, tan sólo como simples apuntes de una historia dorada y espectacular. Fue a partir de ese momento cuando el ciclismo dejó de ser épico simplemente por terminar la carrera con vida, por no haber sido carne de caída, de un tren gracias a un paso sin vallar o de los osos en el círculo de la muerte del Tourmalet. El sprint del pelotón, el llanear sin vida ni competición hasta 250 metros del final empezaba a ser un enemigo, las cosas habían cambiado, los esforzados de la ruta, los isolés, los desherités, habían desaparecido, fruto del profesionalismo galopante del ciclismo, este deporte pasaba de una manera generalizada a la modernidad. Y el profesionalismo llevaba a la comercialización, al resultadismo, una vez pasada la posguerra en Europa. Ese resultadismo nacía, e iba alimentándose de las mentes de algunos que creyeron que con el sólo hecho de ganar serían recordados. En la actualidad, tan sólo el porcentaje de aquéllos con los héroes es lo que ha cambiado. Se ha ido desarrollando, destrozando silenciosamente y de forma salvaje la épica en el ciclismo. La búsqueda de resultados, la fórmula mágica que dará con el palmarés adecuado. Adecuado para ser recordado, para ser alguien, ganar dinero y fama. El enemigo del héroe, que subraya sus bondades ante la adversidad.
En los últimos años, ya las grandes gestas están cada vez más lejanas, que no olvidadas. Cuando existe alguna temeridad cualquiera ya piensa que no llegará muy lejos. Insensateces creen algunos. Cómo se puede atacar a 100 km de meta? muy puesto irá, seguro. O si no en 50 km le tienen... quizá solo busca el maillot de la montaña, una lucha secundaria. La igualdad de los ciclistas, la igualdad que han traído las mejoras en la preparación, material, medicina y sobretodo en la mentalidad hacen que sea más difícil luchar contra el resultadismo, ganar de cualquier manera. Las dictaduras ya no son como antes, de ciclistas, sino de ideas, de mentalidades. Ahora que algunos dicen que no se puede tener dos picos de forma(Abraham Olano dixit), que sólo se puede correr en condiciones una gran vuelta por etapas, que condicionan todo a la forma del ciclista, que hablan de túneles del viento más que de carreteras normandas o provenzanas, es el tiempo del resultadismo más aberrante, del pinganillo, de los sprints de montaña, de las decisiones en etapas contra el reloj. Esta situación se mantiene, pasan los campeones, con sus trofeos, sus podios y sus sonrisas ante vedettes locales, sin pena ni gloria, haciendo vibrar a sus aficionados con... resultados.
En este mundo, un hombre, un menonita frustrado por una cercana operación de cadera que podría acabar con su carrera, luchaba contra los elementos. Después de un desfallecimiento terrible el día anterior, Floyd Landis estaba dispuesto, ese jueves, 20 de Julio de 2006, a sobreponerse, a reverdecer viejos laureles quizá olvidados, a rememorar los días de Coppi, de Koblet, de Merckx, de Fuente. Y a 128 kilómetros de la meta de Morzine, se marchaba en solitario, buscando una oportunidad. Los más convencidos del nuevo régimen auguraban lo habitual: puede que gane la etapa, pero desfallecerá. Nada, la Joux Plane es dura y lo engullirán. Va puesto hasta las cejas, seguro. Algunos iban escuchando cantos de sirena, que movían a tiempos cálidos y soleados de los años 50 y 60, vida sencilla aunque dura, feliz aunque ganada a sudor y fuego. La estrategia había sido visada por Eddy Merckx, no podía ser, todo cuadraba a la perfección. Corredor dando de sí lo máximo. Otros, mucho más preocupados por el puestómetro miraban a sus coches esperando reacciones de los que les mandan. Tirones, ritmo sin ganas, como esperando uno de esos finales habituales que les esperan a los ciclistas fugaces, de minuto bueno como dice Pedro Delgado. Pero no.
El estadounidense, dejando atrás esa idea tan anglo-americana del pragmatismo(instalada precisamente en un deporte eminentemente europeo continental), se llenaba de confianza al ver las reacciones, al ver las referencias. Podía ser, la gesta podía dar un vuelco a su undécima posición en la general. La vida volvía a tener una especia extra que podía trastocarlo todo. Nerviosismo detrás, las cabezas pensantes del volante no pensaban, más bien querían quitarse el pinganillo antes que sus ciclistas. Cuidado que el menonita llega, y con ventaja. Apoteosis. La Joux Plane ha dado lucha de fuerzas justas, como podía esperarse, también con el escapado, que ha pagado en parte su esfuerzo, pero que, de nuevo de forma milagrosa, se ha recuperado para hacer una bajada increíble en un descenso peligroso. Fuga de 130 kilómetros, etapa, casi liderato, Eddy Merckx, Joux Plane a 40º grados centígrados. Es perfecto. Hay un nuevo héroe, hay una nueva gesta. El resultadismo se desploma, algunos, los más positivos, cantan a los cuatro vientos la desaparición de la tiranía del resultadismo, del big blue, de las contrarrelojes extraterrestres y casi de la pájara de Jacques Anquetil en Envalira. Es un día feliz para el ciclismo de siempre, el de los aventureros, el de la gente que no se arruga ante las dificultades, que las afronta.
Pero tiene truco señores, el gran Houdini parece ser que era un espía estadounidense y de ahí su fama, y Floyd Landis se había metido no se sabe cuanta testosterona. Ni Eddy Merckx, ni gesta, ni nada. Mentira. El ciclismo de la épica, en coma latente desde finales de los 80, moría sin remedio en ese 20 de Julio de 2006, víctima de una mentira. El resultadismo y la falacia de la actualidad ahogan el sentimiento de la heroicidad, imponiendo lógicas absurdas y sin sentido a algo que escapa a las normas, que no conoce de conformidad. Algunos creen que todas las gestas eran producto de la "magia negra". Justifican que ahora no se mueva ni una lagartija en los hastiados pelotones lejanos a meta. Asegurar lo ganado se puede llamar. El tiempo en el que se llamaba regalar lo perdido ha pasado. Si ni siquiera se pueden hacer dos grandes con opciones, qué más se puede pedir? Reducciones de kilometrajes, seguro. Y que no haya puertos, puede ser. Algunos creerán que eso tapará los resquicios por los que se hunde este gran barco. Hacer de este deporte todo lo que son los otros: resultados, palmarés, Copas de Europa en blanco y negro. Landis acabó con el resquicio de esperanza que levantó el mismo en el col de Saisies. Al menos siempre nos quedará una cosa: ilusión. Como los niños con los trucos de magia, en el ciclismo nunca sabes qué y cómo va a desaparecer cualquier cosa, aunque algunos desde sus volantes intenten hacer creer lo contrario.
lunes, 1 de octubre de 2007
Siguen siendo los 4 fantásticos.
Con la victoria de ayer de Paolo Bettini, de nuevo se vuelve a su guarida, al menos por un año, la posibilidad de que Óscar Freire Gómez rompa un grupo en el que de momento sigue contando. El Mundial, o mejor, el récord de victorias de los campeonatos del Mundo de ciclismo en carretera sigue siendo cosa de 4, de esos "4 fantásticos" a los que me refiero parafraseando a los míticos "Fantastic four" creados por Stan Lee y Jack Kirby. Como si de Mr. Fantástico, antorcha humana, mujer invisible y la cosa se tratase, nuestros 4 protagonistas siguen en ese Olimpo de los ganadores de la carrera de un día más importante del año, de la carrera en la que en un día se juntan todos los grandes competidores del ciclismo y se disputan la victoria. Permanecen juntos un año más, a la espera de que el único que sigue en activo, acabe con esa verdad universal del ciclismo(una de tantas), que dice que ningún corredor, gane pronto o tarde en su carrera, es capaz de lograr 4 campeonatos del Mundo, o más.
Y prosiguiendo con el paralelismo anterior de los héroes del cómic, voy a ir desgranando muy brevemente los actores principales de esta historia, esta vez de ciclismo. Comenzamos con, en este caso, "el hombre invisible", que responde al nombre de Óscar Freire. El corredor cántabro, el único que sigue en activo con sus ya 31 años, es como su sobrenombre indica, un hombre al que se le ve muy poco. Esta afirmación además en el de Torrelavega tiene muchas acepciones. La primera, y más importante, es que a pesar de sus grandes triunfos, en los que destacan estos 3 Mundiales(con Verona como ciudad talismán), las dos victorias en Milán-San Remo, las etapas del Tour de Francia, las de la Vuelta, la clásica de Hamburgo e infinidad de otras victorias de gran prestigio, es muchas veces olvidado por la prensa y los aficionados españoles salvo cuando se trata de los Mundiales. España, país eminentemente abocado a la montaña y con ello a las grandes vueltas en las que predomina ese terreno, muchas veces ha defenestrado u olvidado a otros grandes ciclistas que hicieron de su especialidad ese "otro ciclismo", como el propio Freire, su contemporáneo Juan Antonio Flecha, y sobretodo Miguel Poblet, entre otros. Como el mismo corredor de Torrelavega denunciaba al conseguir su segunda victoria en "la classicissima".
Por otro lado, es un corredor muy poco habituado a los alardes. Cuando Óscar Freire acelera, es simplemente para ganar. Lo hemos visto cuando sprinta, siempre inteligente, siempre dando las pedaladas justas en los huecos suficientes. Y lo hemos visto cuando, pese a que no es su estilo, ataca. Lo vimos en su primer Mundial en Verona, en 1999, ante los grandes favoritos como Ullrich, Casagrande, Vandenbroucke, Zberg o Camenzind, o por ejemplo, en la Flecha de Brabante, donde ha ganado los últimos 3 años. Sus rivales no le ven, las cámaras no le suelen mostrar haciendo esfuerzos de más en ataques-gaseosa o en ritmos sin sentido. Pero cuando aparece Óscar Freire es para levantar los brazos, no hay otra. Por eso es un ciclista como la copa de un pino. Porque a una clase fuera de toda duda, le añade una inteligencia, una visión de carrera y un oportunismo únicos. Es el tipo de corredor al que, estando en forma, es muy sencillo darle responsabilidad, está habituado a cumplir. Ya sea ayudándole desde el primer momento, como en Verona en 2003, o con su equipo comercial, donde casi siempre tiene que sacarse él solito las castañas del fuego.
Del más moderno pasamos al más antiguo, a "la antorcha humana", sobretodo porque cuando aceleraba de sus tubulares salía humo: Alfredo Binda. "La Gioconda", un ciclista que no pensaba serlo, que tocaba la trompeta despreocupadamente, y con bastante talento, antes de marcharse a Niza a sacar adelante su futuro, junto a su hermano. Y que, de forma amateur, consiguió ser 4º en el Giro de Lombardía de 1924, una carrera habituada a ases del ciclismo del tamaño de Henry Pelissier, o de Constante Girardengo. Se apuntó, se fue desde Niza en bicicleta como entrenamiento y quedó 4º detrás de Brunero, Girardengo y Pietro Linari. Automáticamente fichó por el Legnano, donde se quedaría toda la vida. Y donde disputaría una carrera muy intensa, con grandes triunfos, sobretodo convirtiéndose en "Campionissimo" con 5 Giros de Italia. Y por supuesto siendo una leyenda en los campeonatos del Mundo, ganando el primero de ellos que dejó participar a profesionales, el de 1927, por delante de Girardengo, azuzando esa intensa rivalidad que les hizo únicos en las carreteras italianas. También de Learco Guerra, el preferido de Benito Mussolini.
Cuenta la leyenda que Mussolini se enfadó cuando, en el sprint del campeonato del mundo de 1934 en Roma, Binda se imponía en vez de Guerra, que no lograba impedir que el ciclista de Citigglio se adelantase un par de segundos para coronarse por tercera vez. El segundo lo había ganado en sus mismas narices, en un sprint de grupo en Lieja, con el gran rival Georges Ronsse 3º, despúes de haber logrado los dos mundiales anteriores. Lo cierto es que el porqué de que Mussollini prefiriese a Learco se refería sobretodo a su apellido, más del agrado del dictador italiano. Después de él, sólo un auténtico coloso como Rik Van Steenbergen, podía igualar su gesta de ganar 3 campeonatos del Mundo. "Rik I" o el "boss" es, en esta historia, la cosa. Un hombre hercúleo(en la foto es el primero, el de detrás es Van Looy) espectacularmente esculpido, con su 1,86 m y sus 83 kilos de músculos y fuerza descomunal, que, al lado de los otros ciclistas, tan delgados, tan mermados, parecía un forzudo. Un sprinter con todas las letras, para muchos, el mejor de la historia. Y como tiene que ser, todo fuerza, todo potencia. Unos muslos como piedras, capaces de tirar en el llano como una locomotora.
Otra de las características de Van Steenbergen era su simpatía, y su buen trato hacia compañeros y rivales, lo que le hizo un hombre muy respetado en el pelotón. Puede parecer una obviedad, pero cuando tienes como enemigo en tu propia casa a uno de tus discípulos, además el más preparado, Rik Van Looy, es una ventaja. Algunos contemporáneos de su selección, como Raymond Impanis, o Stan Ockers, siempre estaban dispuestos a echar una mano a Van Steenbergen, incluso algunos rivales deportivos, como Miguel Poblet o Charly Gaul, le ayudaban en las carreras, cuando a ellos la cosa no les iba. Con el luxemburgués sobretodo tuvo muy buena relación en los mundiales. él no se jugaba nada, ya que esas no eran sus carreras, así que muchas veces trabajó para la parte de la selección belga que se destinaba para el corredor de Amberes. Muy duradero, desarrolló 21 años de carrera ciclista, en los que logró 331 triunfos en carretera y la friolera de ¡1325! en pista, en los habituales "6 días"(40 victorias en pruebas de 6 dias) y otras carreras de velódromo. Su potencia era su mejor arma, y en la pista le hacía casi imbatible. Así logró prestigiosas victorias como París-Roubaix en dos ocasiones, Tour de Flandes en otras dos, Milán-San Remo, 4 etapas en el Tour, 15 en el Giro de Italia, donde fue segundo, y 5 en la Vuelta a España con 7 campeonatos de Bélgica.
Y por supuesto 3 Mundiales. Como Freire con Verona, Van Steenbergen venció en 2 ocasiones en la misma ciudad, Copenhague, y le dedicó el nombre de la "brasserie" que tenía como negocio familiar. El primero fue en 1949. En ese mundial, muy llano, Fausto Coppi intentó escaparse una y otra vez, siempre delante, tirando, atacando. Casi lo consigue, pero a 200 metros del final Van Steenbergen lo supera con facilidad. Los periódicos italianos lo titularían con sarna: "Le aquile non scendono nelle aie". 7 años después, en la misma ciudad y en un recorrido muy parecido, llano, pero con lluvia y frío, Rik I se imponía a su compatriota Van Looy con la ayuda de Fred DeBruyne, que se negó a hacer la llegada a Van Looy pero sí se la hizo a Van Steenbergen. Exactamente igual al año siguiente, en Waregem, en un circuito con muro y bajada en pavés(la subida a tiegem), Impanis y De Bruyne se intercalaron para impedir que el triunfo fuese a parar a Van Looy, ayudando a Van Steenbergen a entrar en la historia, que ya contaba con 33 años. No pudo conseguir ningún título más, dejando el liderato de su selección a su máximo rival, con quién en alguna ocasión casi llega a las manos.
El último de nuestros fantásticos es un hombre que simplemente es eso, Mr. Fantástico. El corredor fantástico, el mejor corredor de la historia del ciclismo: Edouard Louis Joseph Merckx. De el ogro de Tervueren poco hay que decir que no se haya dicho o se vaya a decir en este blog. Por lo tanto, es anecdótico lo que pueda decir en este final de artículo sobre él, ya hablaré, como es normal, largo y tendido sobre, simplemente, el mejor.
Todos ellos comparten una acción que les hace ser los únicos socios de un selecto club. Una colección de 3 gestas que nadie ha podido coleccionar como ellos. Uno de ellos aún tiene cartas que robar del mazo, y puede que su trío se convierta en un póker, lo que nunca antes ha conseguido nadie. De momento es una simple posibilidad, que dentro de un año volverá a resonar con fuerza en nuestros oídos proveniente de los machacones medios de prensa que huelen un poco de historia y la desempolvan rápidamente y en ocasiones de mala manera. Si tengo que decir la verdad, me gusta este grupo de 4 corredores. El Mundial es, de todas las carreras, seguramente la más esquiva. Muchos grandes ciclistas no han brillado en él, de una u otra manera. Puede que sea por los recorridos, que nunca se adaptan plenamente a unos u otros. O puede que sea por esa magia del ciclismo que hace que 2+2 a veces no sean 4, y que nos ha enseñado que por muy claro que esté algo, hasta que no se consigue no se puede saborear.
lunes, 21 de mayo de 2007
Merckx en 1975, o cómo perder un Tour por un puñetazo
Merckx se pasó casi una década dominando las carreras a su antojo, demostrando su superioridad ante rivales de talla mundial, algunos totalmente obsesionados con él, como Luis Ocaña, otros haciendo lo que podían, como Raymond Poulidor, Lucien Van Impe, Joop Zoetemelk, Felice Gimondi... pero era imposible. El monarca belga se permitía incluso "rellenar huecos" en su palmarés, como en su visita a la Vuelta a España en 1973, o en sus siempre golosas tajadas primaverales. Como decía Antoine Blondin, una de las más prestigiosas personalidades del periodismo deportivo, "dominaba al pelotón mundial con un despotismo feudal que asfixiaba al ciclismo a largo plazo". Ese despotismo, ese reinado, tuvo su final en una de las más tristes acciones en los más de 100 años de historia del Tour de Francia, de manos no de sus rivales, sino de un aficionado francés harto de su dominio al que la organización del Tour hizo poco o nada en tratar de parar en su horrible agresión en el Puy de Dome.
Muchos dirán que el empuje de Bernard Thevenet le hizo ganador del Tour, sobretodo si provienen del país galo. Craso error. La culpa de todo ello la tuvo el puñetazo, y las maléficas consecuencias que tuvo para Merckx. Los hechos comenzaron en una soleada tarde del Viernes 11 de Julio, etapa número 14, en la subida al Puy de Dome, el volcán que domina majestuoso las cercanías de Clermont-Ferrand, el orgulloso hogar de, entre otros, Raphaël Geminiani. Quedan 5 kilómetros para la meta en la cima, una cima en la que el Caníbal ya sufrió derrotas como la de 1971 ante Luis Ocaña que fue el punto y seguido a los devastadores ataques del español. Una cima que se le resiste, nunca ha ganado en ella. Nunca ganará en ella. En ese momento en el grupo de cabeza ataca Thevenet, le sigue Lucien Van Impe, el escalador flamenco, uno de los rivales más encarnizados de Eddy en los años en que coincidieron. Merckx hace lo de siempre, pone su ritmo, pum-pum-pum, cediendo una corta distancia ocular donde controla las distancias. Así se mantienen hasta los últimos 100 metros de la subida. Van Impe ha superado a un Thevenet que flaquea. Eddy Merckx se va a levantar de su sillín para realizar su habitual sprint final, todo potencia, como si le alimentase de energía toda una central nuclear... pero aparece el desdichado, el fanático.
Un fanático harto de que su país no ganase nada en "su " carrera. El belga recibe un puñetazo en el costado que le castiga el hígado. Le deja sin respiración. Delante Van Impe gana la etapa con Thevenet cediendo 15 segundos. Merckx trata de llegar a meta, exhausto y conmocionado. Pierde 49''. Está asustado, está enfadado, pero ante todo está descorazonado. Nadie ha impedido una brutal agresión en medio de un espectáculo deportivo donde la "perfecta organización" es uno de sus signos de identidad. Thevenet se le acerca en la general, a casi un minuto. Bueno, parece que la cosa no va a pasar a mayores. Mientras el agresor es identificado y "puesto a disposición policial", los ciclistas hacen las maletas hacia Niza para intentar disfrutar de su merecido día de descanso, a la espera de los Alpes. En el seno del equipo Molteni cunde el nerviosismo. Afortunadamente el médico personal de Eddy Merckx, de vacaciones en la costa azul, llega a tiempo para ver a su paciente: "el golpe ha sensibilizado la región hepática, no es grave". Le receta un aunticoagulante sanguíneo para facilitar la renovación de la sangre e impedir doloroso hematomas. Además le prescribe Glifanan, un calmante para el dolor.
El compuesto activo del Glifanan es la glafenina, que, farmacológicamente: "es un derivado del ácido antranalítico, un analgésico. La elevada incidencia de reacciones anafilácticas que produce hace que cause anafilaxis, que crea hepatoxicidad, nefrotoxicidad y trastornos digestivos." Esto es, hace que haya más toxicidad en el cuerpo y causa problemas de hígado y estómago. El día de descanso Merckx lo pasa intentando reposar, pese a que la zona del puñetazo está muy contracturada y apenas puede dormir. El Caníbal, un auténtico obsesionado con dormir y descansar siempre lo suficiente y que padece ciática desde el accidente en el velódromo de Blois de 1969 a poco que no descansa en posición correcta, llega en condiciones bastante malas a la decisiva etapa alpina de 217.5 kilómetros con fina el Pra-Loup, la estación de esquí más importante de los alpes del Sur a la que se accede tas subir un puerto bien asfaltado de 6 kilómetros con una pendiente media de 8%. Una subida más. Pero no lo será para Eddy Merckx.
Merckx comienza renqueante. Tiene problemas digestivos, pese a ello, intenta comer y alimentarse bien ya que la etapa se hará dura. Thevenet está nervioso, está situado muy cerca en la general, debe aprovechar la supuesta debilidad de su rival para intentar vencer el Tour. Hace constantes amagos, sube a cabeza de un pelotón perfectamente controlado por la guardia color tabaco de Molteni, el equipo del dorsal 1. En el antepenúltimo puerto del día, en Champs, se produce alguna escaramuza, pero Merckx controla bien y no sucumbe pese al dolor. En la base del puerto, ha mandado a Janssens a por una pastilla de Glifanan, y parece que le va bien. El dolor remite en Allos, un puerto largo y tendido, perfecto para él. A 1 kilómetro de meta, ante el calor y el esfuerzo ve sofocado a Bernard Thevenet, y ve que es el momento. Cambia de ritmo y el borgoñés no le puede seguir, nadie le sigue. Se va en solitario, está sentenciando. Pasa con 25 segundos de ventaja en la cima, pero baja como nunca. En un desscenso técnico, está rodando a más de 100 por hora, aumentando la ventaja a casi 2 minutos al pie de Pra Loup. Tiene el sexto Tour en la mano, Thevenet incluso ha pinchado.
Pero el sueño amarillo se vuelve negro en las primeras rampas. La alegría en su pedaleo se esfuma. De repente, se empieza a sentir mal. No es una pájara, porque no siente hambre. Pero sus piernas no dan más de sí... le cuesta respirar, el estómago le arde. Se agarra renqueante a la bicicleta, intentando seguir. Detrás viene Gimondi, a mil por hora, desencadenado sabiendo que le va a volver a tocar ser segundo tras el rey. Pero esta vez el rey está acabado... le pasa como un ciclón en pos de la meta. Detrás, tras una curva aparece Thevenet. No se lo puede creer, es Merckx el de delante. Como no se lo cree se pone a su rueda. Pero se da cuenta que casi va parado, se gira a un lado y se marcha(momento de la fotografía que ilustra el artículo) hacia su primer Tour. En menos de 4 kilómetros, Merckx pierde 2 minutos y el amarillo. Merckx, en meta, como siempre, no se justificaba: "da igual el tiempo perdido, lo he intentado todo y he perdido todo. Se acabó. No ganaré este Tour". Al llegar al hotel, la visión de su costado era dantesca. Tenía un moratón enorme y tenía casi hasta el pecho contracturado. Al día siguiente, pese a auto-prohibírselo, recurre de nuevo al glifanan. Intenta escaparse en Vars, pero nadie le ayuda ni le da un relevo. Al final Thevenet le ataca en el Izoard y le saca en meta otros 2 minutos. Lo peor está por llegar.
La batalla del Tour está perdida, pero aún tiene que llegar el calvario. En la última etapa de los alpes, en Valloire, al pie del telegraphe, en terreno neutralizado, Merckx tiene un enganchón y se cae de bruces. Se aplasta el pómulo contra el suelo. Tiene destrozada la mandíbula. Pese a no poder comer siquiera alimentos en la etapa, manchado de sangre, ataca en el Aravis y en la colombiere, y en meta sprinta con todas sus fuerzas para sacarle un segundo a Thevenet y Zoetemelk. Llega al hotel con la cara rota. Con la cara desfigurada. Todos le aconsejan que se retire. Pero él no lo hace. Comenta: "no puedo retirarme, eso restaria méritos a la victoria de Thevenet". Sigue en carrera. La siguiente etapa es una dura contrarreloj de 40 kilómetros. Merckx la disputa con un basto maillot algodón que se pega a su cuerpo magullado, ya que le han robado el maillot especial de seda. No puede más que beber líquidos. En meta dice "hoy he descubierto el dolor". Le quitan el maillot con tijeras. Aún así asiste a la ceremonia de coronación de Bernard Thevenet en los campos elíseos de París por vez primera en la historia del Tour. Además, para ayudar a sus compañeros a ganar dinero, corre todos los criteriums post-Tour para poder llevarse a algunos co-équipiers y que consigan los suculentos premios en metálico que dan por tan sólo participar. Merckx puede por fin comer sólidos un mes después, en agosto. Ha perdido el Tour no por un pájara, no por una caída, un pinchazo o un descuido. Ha perdido el Tour por un puñetazo, y las consecuencias de él. Pero ha demostrado, una vez más, que se trata del mejor, sin discusión. Eddy Merckx no ganó su mejor Tour de Francia por un fanático y por la dejadez y permisividad de la organización.
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