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martes, 18 de enero de 2011

Éste es mi top-25



Me he permitido la licencia de puntuar 25 en vez de 10, por supuesto con la puntuación original de la Copa del Mundo de ciclismo. Aunque parece más sencillo que puntuar tan sólo a 10, es sin embargo más complicado, pues mientras que dejando sólo a 10 se tiene asegurado que un buen número de importantes referencias se caerán de la lista, con 25 parece que habrá sitio para unos cuantos más y sin embargo siguen cayendo muchísimos. Es el precio de la historia de un deporte centenario y rico en matices, en donde la emoción de los aficionados está siempre a flor de piel y susceptible a filias y fobias, a identificaciones personales, sin contar con la dificultad que entraña comparar diferentes épocas, desde corredores que corrieron en poco menos que caminos de cabras hasta la fibra de carbono y el túnel de viento. Sin más preámbulos mi lista ha sido la siguiente, que paso a relacionar por grupos:
(...)

miércoles, 4 de junio de 2008

El precio de la historia


Tras la victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia, se ha abierto la posibilidad de que el corredor madrileño pueda lograr este mismo año lo que nadie ha conseguido desde que Bernard Hinault se coronara en Milán el 6 de Junio de 1980 tras el descalabro de Giuseppe Saronni unos días antes: tener en el palmarés las 3 grandes carreras por etapas, Tour de Francia, Vuelta a España y la mencionada ronda italiana. Curiosamente, dos de los 4 corredores que lo han logrado, Felice Gimondi y el propio Hinault, tenían 25 años(para cumplir 26 a término de año) cuando lo lograron, la edad que tendría Contador de conseguir ganar el maillot oro en Madrid en este 2008. No hace falta decir que el ciclista de Pinto es el único corredor en activo que puede lograrlo, con una edad muy temprana en la que es muy complicado destacar en un deporte que casi siempre se ha caraceterizado por mejorar desarrollos en relación a la edad, sobretodo en el tema de la resistencia y el aguante, además de la propia experiencia en carrera. Sin embargo este nuevo fenómeno va camino de igualar los registros de ese póker de ases que representa sin más argumentos el olimpo del ciclismo.



Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx y Bernard Hinault representan la gran historia del ciclismo desde 1953(año de la victoria semi-amateur de maitre Jacques en el Gran Premio de las Naciones) hasta la pronta retirada de le blaireau, en 1986. 3 décadas de ciclismo escrito con letras de oro, de gestas, de protagonistas y de palmareses excepcionales. Cada uno en su estilo y en su época marcaron las tendencias a seguir por sus rivales. Tan sólo en el caso del italiano, que tuvo la mala suerte de convivir con el caníbal, existe fricción entre los dominadores. Jacques Anquetil se retiró a finales de los 60, justo en el momento de arranque de la carrera de Merckx, que a su vez fue difuminando su dominio hasta la ruidosa llegada de Hinault a finales de los años 70. Gimondi desde la irrupción del caníbal en las grandes vueltas en su primera "grande", el Giro de Italia de 1968, sólo pudo vencer en una, precisamente el Giro del año siguiente donde Merckx fue descalificado con la maglia rosa, y se dedicaría a coleccionar puestos de honor y pódiums, siendo el corredor con mayor número de ellos en la carrera transalpina.



Los 4 eran corredores de una gran versatilidad, pese a que fueran principalmente más regulares que escaladores. Anquetil tuvo un genio en la contrarreloj sólo comparable a Miguel Indurain, siendo probablemente el peor en la montaña de los 4, el que peor lo pasó, y el que tuvo que resistir los ataques de los mejores escaladores de la historia, entre ellos Federico Bahamontes, Charly Gaul o el propio Raymond Poulidor, que también fue coetáneo de Gimondi y Merckx. Felice Gimondi, fichado por el Salvarani por vencer el Tour de promesas y que ganó la ronda francesa el año de su debut, fue un corredor de una clase absolutamente maravillosa, completo en casi todos los terrenos, y con una inteligencia en carrera tremenda, con un conocimiento altísimo de sus rivales y de sus propias fuerzas, y sirviéndose de ello para leer la carrera. De esa manera ganó el campeonato del mundo de Montjuic de 1973, donde aprovechó la guerra declarada entre Maertens y Merckx en un grupo en el que también estaba Luis Ocaña(que ganó el bronce) para hacerse con la victoria. Del ogro de Tervueren poco se puede escribir de su grandeza, así como de Bernard Hinault, a los que ya relacioné no hace mucho tiempo en este post. Estamos hablando de 4 grandes sin discusión de la historia del ciclismo.



En este escenario aparece la "posibilidad" de Alberto Contador. Dejando de lado la edad ya que como se ha visto no tiene mucho que ver en estas comparaciones, ¿podría decirse que sería un digno socio del club?¿quedaría elegante un repóker con el ciclista madrileño? Evidentemente es pronto para analizar cualquiera de las dos cuestiones, acabe ganando o no acabe ganando la Vuelta a España Contador este año o cualquiera de los sucesivos. La grandeza de los nombres a los que sería añadido o vinculado el de Pinto es enorme, comprendida en más de 30 años en los que fueron alma y protagonista de los momentos que hasta hoy nos han llegado, de lo que ha sido y sigue siendo la edad dorada del ciclismo. Quizá la mayor grandeza de éstos corredores no la representen sus victorias, su triple corona o su palmarés. Quizá la mejor comparación se pueda hacer en la propia competencia que tuvieron que sortear para poder vencer en las grandes. En eso, hoy por hoy es donde Contador sale peor parado. Si echamos la vista atrás, y vemos los rivales a los que se enfrentaron nuestros 4 protagonistas, salen nombres como los de Federico Bahamontes, Charly Gaul, Roger Riviere, Raymond Poulidor, Jan Janssen, Gastone Nencini, Joop Zoetemelk, Luis Ocaña, José Manuel Fuente, Giuseppe Saronni, Francesco Moser, Giovanni Battaglin, Giuseppe Saronni... corredores que están por derecho propio entre los más ilustres de siempre.



Es difícil ver en esa lista a Levi Leipheimer, Marzio Bruseghin o Cadel Evans, corredores ya contrastados y veteranos que será complicado que dentro de 20 años les veamos como vemos a Ocaña, o a Gaul. En otros casos, como el de Riccardo Riccó todo puede pasar aún, la juventud y calidad que atesora puede darnos grandísimos duelos, o no, como Michael Rassmussen, Alexandre Vinokourov o Ivan Basso que se quedaron fuera de juego de cualquier manera,u otros de forma natural, y no artificial. Como dije antes, aún es pronto, muy pronto para poner en su sitio las victorias de cualquier corredor que ahora asome en los palmarés o asome en los hitos del ciclismo. El propio tiempo pondrá a cada cuál en su lugar, y nos dará la perspectiva correcta para poder hacer nuestro análisis, que hoy por hoy evidentemente no es satisfactorio para dimensionar las victorias de este escalador que puede entrar en un club elitísimo y que aunque muchos, en una pirueta oportunista quieran encajonar con los grandes, no se encuentra. Ése es, sin duda, el precio de la historia.

sábado, 26 de abril de 2008

Prohibidos sacrilegios


Mañana domingo es un día señalado para el ciclismo. Cuando en el invierno se ven en la distancia los momentos importantes de la temporada venidera siempre se pone un hito en Abril, como también se pone en Julio. La hoja de ruta, el librillo del ciclista cuenta con unos puntos indescartables, unos puntos que rinden culto a esa extensa y muchas veces en la actualidad olvidada liturgia que ha hecho grande este deporte. Los cappos de la costa mediterránea de Liguria que desembocan en San Remo, la capilla de Geraardsbergen rumbo a Ninove de De Ronde, el trouée de Aremberg del infierno del norte, el muur de Huy en la Flecha Valona, los dolomitas italianos y los alpes y pirineos franceses junto a la clásica de las clásicas, la carrera de un día más codiciada por los corredores sin discusión, la Lieja-Bastogne-Lieja. La carrera más antigua de las que aún hoy se sigue disputando, que comenzó a rodar en 1892 y que mantiene ese halo mítico de las competiciones deportivas más distinguidas.


Y como casi todo en el ciclismo, pero aún más tratándose de un monumento del mismo, es un homenaje anual a la grandeza de éste deporte y también un termómetro donde valorar su estado de forma, si llegó o no a la muerte natural, o si aún es posible salvarlo. Un punto donde la historia, las gestas, la dureza y la belleza se encuentran con la modernidad, los cuadros de fibra de carbono y los pinganillos. Es siempre importante guardar un buen tributo a la historia viva, porque casi siempre representa lo mejor del pasado y poner una pica en su memoria es simplemente desvirgar la pureza y la grandeza de toda una forma de sentir, casi de vivir. Pero en competiciones de este calado, de esta importancia, de la memoria irreductible e imborrable de tantos que tanto dieron, es casi un delito faltar a la cita con el pasado, con las glorias legendarias que surtieron de pasión y espectáculo las carreteras, en este caso, en las carreteras y caminos de las ardenas valonas. No es sencillo nunca estar a la altura de las consecuencias, y más en un deporte moribundo que cierne sus penas en su activo más importante que es sin duda su admirable pasado, pero para ello existen o deberían existir para muchos los ejercicios de responsabilidad, el poder echar la vista atrás y contemplar la grandeza.


Porque Lieja-Bastogne-Lieja no es sin más una carrera dura por un recorrido plagado de cotes(en el otro lado de la frontera flamenca muurs o bergs y en español colinas, muros o subidas cortas) y con un kilometraje que raya con los antiguos calvarios. Es una mezcla de dureza y sentido del respeto. Así como en los campos elíseos de París una vez llega un extenuado pelotón a sus últimas vueltas no se puede ir a ritmo de burra esperando acontecimientos porque es una falta de respeto a una tradición que tan sólo llega desde 1975, en la Lieja no se debe pensar nadie que la clave del éxito estará en ganar de cualquier manera. En carreras como ésta es donde se forja la leyenda, esa es sin duda la característica que las diferencia de otras con trazados de parecida dureza y perfil. En las carreteras en las que mañana muchos se enfrentarán a la carrera más dura para sus piernas de toda la temporada y ni siquiera la terminarán, se han hecho grandes muchas de las más insignes personalidades del ciclismo en la historia. En estos parajes corredores como Eddy Merckx, Bernard Hinault, Fred De Bruyne, Ferdi Kubler o Sean Kelly pasaron de ser grandes campeones a auténticos mitos para siempre.


Curiosa es la historia de la carrera con los dos mejores corredores de la historia, Eddy Merckx y Bernard Hinault. Si Eddy Merckx encontró en Milán San Remo su lugar para demostrar al mundo que sería un caníbal que deboraría a cualquiera que se pusiese en su camino, y en el Giro de Italia y el Tour de Francia que era un corredor preparado también para las grandes, en Lieja-Bastogne-Lieja encontró el lugar perfecto para poner en funcionamiento toda la potencia de que sus piernas eran capaces de llegar(ganándola en 5 ocasiones). Es posible que se tratase de la carrera que mejor le iba a sus características, ya que a su increíble capacidad para rodar en llano con una posicición siempre de fuerza tremenda, le unía la impresionante potencia y empuje en las cotas, donde apenas sin levantarse podía imponer una velocidad incapaz de seguir para nadie. Su lugar primordial para probar era la côte de la Redoute, la más significativa de toda la prueba, una de las más duras con 2.1 km al 8% de media, y uno de los lugares más místicos de la historia del ciclismo. En su primera victoria, en 1969 se escapó aún antes, con su compañero en Faema Victor Van Schil, que en Saint Tillman estaba absolutamente rendido. Sin embargo, y con 8 minutos de ventaja sobre el pelotón, Merckx intentó que llegara con él a meta y así ocurrió, en la meta de Ans ganaba Merckx con su compañero segundo, y el grupo perseguidor a varios minutos.


En todo caso Merckx consiguió su victoria más impresionante en 1972, cuando atacó en la cota de Stockeu y se fue en solitario durante más de 50 kilómetros levantando los brazos en la llegada con mucha más tranquilidad(más de 2'30''de ventaja sobre Wim Schepers) que el año anterior, en el que un ataque en solitario desde la côte de Wanne le había hecho ganar una renta de 5 minutos que se diluyeron en los últimos 20 kilómetros, donde fue alcanzado por George Pintens(que ganaría en 1974) al que le ganó al sprint después de no haberle dado ni un solo relevo, no por falta de ganas, sino por absoluta incapacidad dado el desfallecimiento que había sufrido, y que también machacó a Pintens en el último suspiro. Pero quizá el corredor con la mayor gesta en Lieja sea Bernard Hinault. Le Blaireau consiguió en las carreteras valonas el primer gran triunfo de su carrera, con 23 años venciendo en un sprint de grupo ante nada menos que Didi Thurau. Esta gran victoria, del que se decía que era un grandísimo contrarrelojista(lo que demostró en Octubre imponiéndose en el GP de las Naciones) y un un corredor duro en la montaña, fue el inicio de un palmarés increíble. Pero también de una personalidad extraordinaria y un ganador siempre fiel al máximo espectáculo.


Y en 1980 iba a tener las condiciones perfectas para machacar a sus rivales, en unas condiciones dantescas de nieve y viento que hicieron recordar a los más viejos del lugar la funesta edición de 1919, donde Léon Devós, el final ganador de esa edición, y todos sus compañeros de pelotón debieron esperar hasta 2 horas en Bastogne a que se pudiera reanudar la carrera ya que la nieve hacía absolutamente inviables las carreteras que iban a recorrer, y finalmente sólo acabaron aquella edición 6 corredores, con 2 de ellos sin tiempo exacto de llegada, con temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. 61 años después el paisaje blanco también era el protagonista de unas mejoradas carreteras valonas, y le dieron alas a Hinault para iniciar una gesta que aún siempre se recuerda cuando se habla de la Lieja-Bastogne-Lieja. Sólo terminaron 21 ciclistas, y el francés sacó al segundo más de 9 minutos en meta, en un ejercicio de concentración y fuerza absolutamente increíble. Pero otros muchos también se hicieron un nombre en esta carrera, sobretodo Moreno Argentin y Michele Bartoli en las últimas décadas, quizá los dos últimos corredores capacitados para tener cierto status de dominadores de la carrera, una carrera en la que cada vez más es más difícil repetir victoria.


Pero como hemos visto, las victorias nunca significan lo mismo. Y no es lo mismo un bonito espectáculo en el símbolo, la Redoute, con favoritos atacando(como Bartoli y Vandenbroucke en 1999, o Bettini un año después con Garzelli) y dejando una carrera rota a 35 kilómetros del final que se convierten en un espectáculo grandioso de grupos luchando a través de un tobogán, que una carrera en la que todos escatimen esfuerzos para ver si llegan con opciones a Ans y les viene una inspiración divina en un sprint que casi nunca llega a buen puerto. En estas carreras es el momento de la valentía, del espectáculo y del inconformismo, no manchemos el ilustre historial de la carrera con victorias de corredores que sólo muestren su cara a 100 metros del final. Eso también es demostrar que el ciclismo ha cambiado, ha cambiado a mal. Y esas cosas, además del tan cacareado dopaje, dañan no sólo la imagen actual del mismo sino también la legendaria historia que ha mantenido viva siempre este tipo de monumentos, de fechas señaladas y esperadas por tantos. Esperemos que los ciclistas entiendan que el realizar sacrilegios en pruebas mágicas como ésta no sólo les daña a ellos, daña al ciclismo en general. Esperemos que el chuparruedismo, el pinganillo y la la falta de valentía no nos impidan rendir a esta histórica cita el espectáculo que se merece y la hizo grande.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Bernard Hinault, equidistancia perfecta.

No hace mucho pude disfrutar de un "tête à tête" entre los dos corredores vivos, sin discusión, más grandes de la historia del ciclismo: Eddy Merckx y Bernard Hinault. Pese a quien le pese, sobretodo en España, tengan la visión que tengan sobre el bretón, la que sea(no mentar en este momento la "rumorología oscura", quién la conozca), representan los ganadores más prolíficos, espectaculares y prodigiosos de todos los que han competido sobre dos ruedas a lo largo del tiempo. Un reportaje la verdad muy interesante, contado en un punto de vista cercano, con los dos ídolos paseando sus veteranos maillots de campeones del Mundo en ruta por los alrededores de Meise, muy cerca de Bruselas, donde El Caníbal tiene su fábrica principal de bicicletas. Charlaban amigablemente, con un cierto tono de respeto en cada frase que intercambiaban. Como personajes privadamente públicos, tenían cierto recelo a las cámaras, y más a la altura de la película de sus vidas en la que llegaba la entrevista. En todo caso, tuvieron tiempo de intercambiar fotografías, maillots autografiados y muy buenas palabras. Debe ser la clase de relación que existe cuando dos grandes del deporte que sea, se cuentan batallitas.


Entre otras cosas se preguntaban sobre sus recuerdos más bonitos, en los que ambos recalaron en su primer Tour, y en el Campeonato del Mundo. Cómo no, Merckx tuvo unas palabras para con el Giro de Italia, la carrera que le convirtió en un hombre-Tour. O mejor, donde demostró que no sólo podía ganar clásicas y carreras cortas. También recordaron sus equipos, sus "domésticos", y los recelos que recibió Merckx en su primer equipo(de, cómo no, Rik Van Looy). Pues bien, la idea de este post llegó cuando Merckx preguntó a Hinault sobre los ciclistas a los que admiraba, y que le hicieron subirse a la bicicleta de forma profesional. El bretón contestó sin dudar que el propio Caníbal, y "maitre" Jacques, Jacques Anquetil, fueron sus modelos, uno cuando era un niño, el otro cuando era amateur. Mostraban una foto que, curiosamente, ambos guardaban un gran afecto: la visita que hicieron a un ya enfermo Anquetil a su palacete, los tres vestidos con el maillot amarillo del Tour sonriendo a la cámara. Pura historia del Tour de Francia, entre los 3 suman más victorias en la General que cualquier país salvo Francia y Bélgica. Curiosa relación de corredores. No recuerdo en qué orden estaban colocados en la ilustración, y no he encontrado en la red la foto, pero si alguien debía estar en el medio, ése debía ser Hinault.


Algunos pensarán que por antigüedad, eso no podía ser así. Otros pensarán otros factores. Yo me quedo con el factor ciclista. De ahí el título del artículo. Pura equidistancia, equidistancia entre dos formas de concebir y vencer en el ciclismo, de dominar sus épocas respectivas, de mostrar superioridad. Porque maitre Jacques si se le puede reconocer con algo, es con un cronómetro. O cronógrafo como dice Antonio Alix. Medía las posibilidades, la situación, los rivales, el premio y la distancia. Y con ello intentaba resolver la ecuación de la manera más económica posible. Pedaleando como un reloj, manteniendo el ritmo, con el mínimo esfuerzo que pudiese. Sacando el tiempo que podía en su terreno, la contrarreloj, y plegando velas y contando pérdidas en la montaña. No había alardes, era un puro ejercicio de cálculo, de racionalizar la competición en un simple teorema de tiempo, de distancia y velocidades medias. No había fantasías innecesarias, magia, ni ganas de pensar en hacer algo que a lo mejor no estaba en sus piernas. Él tenía que ganar con lo que podía contar, con lo que sabía que no le podía fallar. Así utilizó sus fuerzas en la crono, así utilizó sus gregarios en los momentos duros, las alianzas incluso, de forma magistral. Y consiguió ser un gran campeón, con un palmarés magnífico, con un respeto merecido y ganado a pulso, con muchísimo esfuerzo. Pero la afición, que empezaba a acostumbrarse a las andanzas de los audaces como Fausto Coppi, prefería al entrañable Raymond Poulidor, que no ganaba, pero lo intentaba aunque fuese a 100 kilómetros de meta. Las ecuaciones para los matemáticos, podían pensar.


Merckx, ya le conocemos, era el ciclista total. Era el corredor que intentaba ganar todo lo que competía y en sus años mozos competía de febrero a octubre en carretera, y fuera de ella corría los 6 días en pista con Patrice Sercu, entre otros. Incluso se atrevió con el cyclo-cross. No había nada que no intentase, en carrera y fuera de ella. Maillots, victorias parciales, generales, sprints intermedios, puertos de montaña. Todo. Lloraba de niño si no ganaba, y entrenaba más tiempo con 13 y 14 años solito por ahí para el siguiente día vencer a quién fuese. Lo corrió todo y lo ganó casi todo, con exhibiciones incontables, con un afán constante de mejorar lo mejorable. Si había ganado una carrera lo intentaba hacer pero por más tiempo, si iba con el maillot de líder, intentaba hacer ver a sus rivales que no podrían dejarle atrás. Su ciclismo no era tan inteligente(que en el tema gregarios fue excepcional) como el de Monsieur Crono, era salvaje. El ogro de Tervueren, el Caníbal. No había nada que no deborase, o quisiese deborar. El récord de la hora, cantidad de días de amarillo, etapas ganadas en el Tour, victorias en San Remo, en Lieja. No había desgaste mental, pero sí físico. Tanta gesta, tanto acelerón, tanto ir cara al aire se acaba pagando, sobretodo cuando las fuerzas no acompañan, y fue en no demasiadas veces en su carrera, pero ocurrieron. La gente le idolatró, la prensa se rendía a sus pies. Su altura como competidor, como deportista competitivo no tiene parangón en la historia. E Hinault conocía todo ésto, lo había vivido.


Y él fue la figura que encontró la mezcla perfecta entre el oportunismo y frialdad de uno, con la espectacularidad e inconformismo del otro. Porque Le Blaireau era capaz de vencer de las dos maneras, porque no renunciaba a ninguna. Como Anquetil sabía que su cuerpo tenía unas capacidades finitas, y había que aprovecharlas al máximo para sus mayores objetivos. Por eso no quiso disputar el Récord de la Hora en condiciones, porque, como él mismo decía, "tenía que estar en forma en otros momentos de la temporada, y no podía ponerlos en peligro". Como Merckx, hizo algunas de las gestas más espectaculares y consiguió algunas victorias escandalosas, al más puro estilo de los 50 a finales de los 70 principios de los 80. Su Lieja-Bastogne-Lieja bajo la nieve es uno de los espectáculos más grandes de la historia de este deporte. Su carrerón en Serranillos, sus cabalgadas en los puertos, sus ataques en París de amarillo, incluso en su último Tour fue capaz de intentar poner contra las cuerdas a su compañero Lemond tras atacar en la bajada del Galibier camino de Alpe D'Huez. Incluso pudo emular al belga venciendo lo que no consiguió Anquetil, el Campeonato del Mundo, en 1980 en Sallanches culminando lo que dijo 4 años antes: "si se hace un campeonato del Mundo en Francia lo ganaré".


Como Anquetil, su relación con Cyril Guimard le hizo más concentrado, más profesional, emulando a la relación entre el normando y Raphaël Geminiani, esa relación corredor-director. Como Merckx, sabía perfectamente como tratar a sus gregarios, como ganarse su confianza y apoyo, y tenía la valentía y carácter suficiente para imponer su voluntad por encima de cualquier otra. Pero Bernard Hinault incluso pudo "aprender" lecciones que siquiera había él recibido. Como corredor inteligente y habituado a la victoria como los otros dos grandes, no quiso cometer el "error" que ellos sí cometieron: se retiró a tiempo. Se ahorró el mal trago de lesiones, problemas físicos y ver como las nuevas generaciones superaban a los veteranos. Su último Tour, el de 1986 que vencío Greg Lemond al que poco antes me refería, consiguió ganar 3 etapas, el maillot de la montaña y quedar segundo tras su "compañero". Esa temporada se preparó para terminar su vida deportiva con un Tour para recordar, y lo consiguió de manera espectacular, con una mezcla de Anquetil y Merckx. Como el normando, escondió sus cartas, relegando públicamente a Lemond la responsabilidad de vencer el Tour. Como Merckx, cuando las cosas se vieron favorables tras la etapa de Pau que venció Pedro Delgado, lo intentó hasta el final, de cualquier manera y a la heroica cuando volvió a verlo perdido.


Por unir las dos esencias, consiguió 215 victorias(kernesses y critériums incluidos), con 5 Tours de Francia y 28 etapas, 3 Giros de Italia y 6 etapas(dos dobletes Tour-Giro 82' y 85') y 2 Vueltas a España y 6 etapas en el plano de las grandes Vueltas, con 6 Grandes Premios de las Naciones, uno de manera amateur, de crono(el lugar natural de Anquetil), y por otra parte 2 Liejas, 2 Flechas valonas, 2 Giros de Lombardía, París-Roubaix, Amstel Gold Race... en el territorio Merckx. Su estilo de correr, como él decía "con el virtuosismo de un violinista" en los piñones pero con cambios de ritmo audaces y descarados como los de Merckx le hicieron inigualable, muy complicado de batir en grupos, en 1 contra 1 o en contrarreloj, del que era un auténtico especialista. Completo e inteligente en carrera, pendiente de cada movimiento, creció en su equipo de toda la vida para convertirse en un referente del ciclismo francés, compartiendo con maitre Jacques el honor de las 5 victorias en el Tour y probablemente siendo el más completo de todos los ciclistas que haya dado el país galo. Este granjero de hoy, que cuida personalmente a sus vacas, demostró que la victoria espectacular en el ciclismo no va reñida con la frialdad, con la contemporización de los objetivos. Por ello, consiguió ser uno de los grandes, a la altura de nombres como Coppi, Anquetil o Merckx, en el Olimpo del deporte.