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martes, 18 de enero de 2011

Éste es mi top-25



Me he permitido la licencia de puntuar 25 en vez de 10, por supuesto con la puntuación original de la Copa del Mundo de ciclismo. Aunque parece más sencillo que puntuar tan sólo a 10, es sin embargo más complicado, pues mientras que dejando sólo a 10 se tiene asegurado que un buen número de importantes referencias se caerán de la lista, con 25 parece que habrá sitio para unos cuantos más y sin embargo siguen cayendo muchísimos. Es el precio de la historia de un deporte centenario y rico en matices, en donde la emoción de los aficionados está siempre a flor de piel y susceptible a filias y fobias, a identificaciones personales, sin contar con la dificultad que entraña comparar diferentes épocas, desde corredores que corrieron en poco menos que caminos de cabras hasta la fibra de carbono y el túnel de viento. Sin más preámbulos mi lista ha sido la siguiente, que paso a relacionar por grupos:
(...)

miércoles, 12 de enero de 2011

Regreso sombrío


Y, como es natural, no me refiero al regreso de Manuel Sáiz, no se sabe si real o falso que anunció vía twitter ese eterno contendiente, ese hombre que cree ser un visionario y tan sólo nos legó un mar de sospechas, una época de banales exhibiciones que finalmente resultaron ser tongos para el espectador y el deporte. Un ejemplo perfecto, ya no tanto en su proceder, que también, como sobretodo en el de su aún legión de aguerridos seguidores, de cómo en este deporte se puede corromper y vender a cualquier precio una imagen pasando por encima de cualquier bondad ética: mientras “recuperaba” los abanicos o los ataques a toque de corneta desde grandes distancias, se asestaba una puñalada en una credibilidad que nos alejó definitivamente de aquellos años del desconocimiento y esa edad de la inocencia, para acabar en el tiempo de las suspicacias y las sospechas que explotaron definitivamente en 2006. En todo caso, no era ésa mi intención, la de evocar a un señor que, a pesar de esa autoproclamación como adalid de aquél nuevo ciclismo que quiso(y al fin al cabo logró conseguir a precios incalculables), no tiene mayor incidencia en el ciclismo más que en negativo, y con un importante punto que habría que analizar: el cómo llegó a la cima organizativa y de mando en un deporte profesional(lo que nos haría entrar en una reflexión bastante lúgubre del ciclismo). Pero ése no es el tema que nos ocupa, al menos de momento.


Muchas sombras, pocas luces. Así es como se presenta el ciclismo en un presente difícil y un futuro que se atisba más complicado aún más si cabe, en esta huída hacia delante que dura ya demasiado tiempo. Ante una temporada que en el plano deportivo ha sido de una cosecha francamente buena, con una temporada de clásicas vibrante como siempre(marcada por las exhibiciones de Cancellara en el adoquín), un Giro que tuvo emoción y algunas etapas extraordinarias(y no me refiero precisamente a la excursión por los caminos de tierra) y, pese a un Tour un poco descafeinado, una Vuelta a España que, deportivamente, se puede denominar con casi todas las letras como la mejor de, al menos, los últimos años(por no decir de siempre), el año nos deja con los dos número 1 de éste deporte o sancionados o con una grave sospecha detrás(a la espera de sanción, en el caso Contador).


El deporte profesional se nutre de grandes personalidades, de ejemplos que sobresalen y se convierten en estrellas de esa actividad, y que concentran una importante cuota de protagonismo. El ciclismo en un mismo año ha visto la caída de las dos más rutilantes, de la manera más sangrante, además. Tras procesos largos y tediosos que pretendían enmascarar de la manera más inútil y farragosa la mayor de las obviedades. Uno de esos procesos aún está abierto, aunque parece evidente que sólo se esté manteniendo lo que es una defensa moribunda ante un reglamento taxativo. No es algo que sorprenda en un deporte que ha pasado de la mayor impunidad a las bolsas criogenizadas con nombres en clave, pasando por las sanciones de 10 minutos en medio de una carrera. Pero no deja de ser algo que sigue sin poder borrarse y que lacra al ciclismo. Pero, como en la canción, “la vida sigue igual”, unos patrocinadores llegan, otros se van, y a pesar de los pesares el ciclismo sigue. Hoy por hoy no se si realmente eso es positivo o negativo, pues esta lenta agonía mantiene vivo un paciente en coma que, sinceramente, no se si se podría recuperarse o fuera mejor resetear su conciencia desde 0.


En todo caso, espero que este regreso a la actividad del blog con algunos proyectos que hay que recuperar(el del top-10 histórico es por mi parte un tema ya personal) y otros que irán surgiendo, me ayude, mediante la reflexión, a llegar a alguna conclusión, viviendo el presente, recordando el pasado y mirando el futuro de este gran deporte. Como siempre, están invitados.

miércoles, 29 de julio de 2009

Proyecto de top-10 de verdad ¡comenta el tuyo!

Leyendo el MARCA ayer(no comprado por mí, simplemente husmeando el de otro viajero) hacían una curiosa clasificación del mejor ciclista de la historia. Sumaban las grandes vueltas(a saber, Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España) en el palmarés de cada uno de los ciclistas y con la suma ponían en común a los corredores. Todo ello era para resaltar la importancia y la nueva grandeza de Alberto Contador, que aparecía, empatado con Tony Rominger, ya en el top-10 de entre los corredores. La clasificación era ésta:

1. Eddy Merckx 11
2. Bernard Hinault 10
3. Jacques Anquetil 8
4. Fausto Coppi 7
-. Miguel Induráin 7
-. Lance Armstrong 7
7. Gino Bartali 5
-. Alfredo Binda 5
-. Felice Gimondi 5
10. Alberto Contador 4


La presencia del pistolero entre esos grandes símbolos del ciclismo, y por encima de Bobet, Gaul, Lemond, Ocaña, Kelly(por poner ejemplos de corredores que ganaron grandes carreras, sin tener en cuenta a los Van Looy, De Vlaeminck, Zabel o Van Steenbergen que no lo hicieron) es cuanto menos, curiosa. El titular era algo parecido a "Contador se cuela entre los grandes", en ese paralelismo constante desde que consiguió la victoria en la Vuelta a España del año pasado, igualando a los 4 que habían ganado las 3 grandes en su carrera(Merckx, Anquetil, Gimondi e Hinault) y que ya se comentó en este blog.

Al obervar aquéllo, me surgió una idea respecto a las clasificaciones de ese tipo, ya que según el criterio a seguir saldrán unas u otras. Algunas páginas web intentan ibjetivizarlas mediante complejas puntuaciones. Pero la pasión, los sentimientos y la gesta, siempre todos ellos tan cercanos, necesarios y habituales en el ciclismo no se ven tenidos en cuenta en ninguno de ellos.

Por ello, se me ocurrió que qué mejor que los aficionados para intentar hacer esa clasificación, ya que cada uno tendrá su propia manera de ver la historia, tanto la vivida como la no vivida, para hacer un ranking más objetivo o menos, respecto a lo que cree son los 10 más importantes de la historia de este deporte. Así, os invito a todos los lectores del blog, habituales o no, a participar en la elección del top-10. Se darán puntos respecto a las posiciones(10 al 1º y así hasta 1 al 10º) y con ellos se creará la clasificación y se comentará. Ruego que todos los que les apetezca participen añadiendo un nombre, ya que podrían repetirse las respuestas accidentalmente y adulterar el resultado.

La manera de hacerlo: escogiendo 10 corredores que les parezcan los mejores. Cada cuál que considere el criterio que mejor le parezca y lo añada en los comentarios de ésta entrada. Con la suma haremos, seguro, un top-10 mucho más objetivo que los que circulan siempre por ahí. Espero sus respuestas, gracias por participar.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Cuando ganar no es ético...


...y no tiene nada que ver con el dopaje. Y se podría haber terminado los tres puntos con ...y es un "peligro", porque tal y como lo tratan algunos, como Álvaro Pino, o el iluminado que ha escrito ésto, parece como si hubieran contratado al tipo que le pegó el puñetazo en el Puy de Dome'75 a Eddy Merckx para vencerles en mala lid. El ciclismo tiene estas cosas, que se defienda en el mismo párrafo la ética con el pactar un resultado, la ya centenaria técnica del apaño, "para tí la etapa para mí la general", que tanto, tanto daño ha hecho a la competición deportiva, que ha producido escandalosos episodios y que hoy en día todavía algunos siguen creyendo como la buena política para correr en el ciclismo, implorando al sumo bienhacedor, Miguel Induráin que, según algunos, se hizo grande por...¡dejar ganar a otros!. Luego, bochornosos episodios de la historia del deporte, como el que acabó con la Juventus de Turín en segunda división parecen ser monstruosos para los mismos que desvirtúan sin pensar la competición deportiva que, pese a todo, sigue siendo la competición ciclista. El apaño de unos no es lo mismo que el de otros, que se enfadan cuando no entran en la trampa apelando a la ética.


Pues a mí eso me parece una paradoja, ética y trampa en un mismo significado, en una misma corriente inexplicable que muchos confortan y justifican con la tradición, ese ente que se olvida en muchas cosas buenas que dota a la memoria pero que se desgasta en otras situaciones, como ésta, uno de los peores defectos del ciclismo. Me viene a la cabeza el otro defecto sistemático del ciclismo(y de otros deportes, por supuesto) que también suele justificarse por lo mismo, por la tradición, creo que sabemos todos a lo que me refiero. Tergiversando incluso en ese escrito se llega a decir que el ganador, Alberto Contador Velasco, el corredor que cruzó la meta en primer lugar, el deportista que realizó su recorrido en menos tiempo, es un Dios menor por ganar de esa manera. Como si hubiera dejado ganar al corredor en cuestión, el modesto Ezequiel Mosquera, fuera un Dios Mayor, revolviendo al ejemplo ilusorio de Miguel Induráin. Lo peor de todo ésto es que muchos verdaderos aficionados al ciclismo pensarán lo mismo, y aplaudirán sin embargo a otros muchísimos chuparruedas que ganan de la misma manera, pero no en una etapa como ésta. Me vienen infinidad de ejemplos, y en estas últimas victorias a todo ritmo de los españoles en todo tipo de carreras más en particular.


La competición es la competición, y el mejor sitio es para el que gana. Afortunadamente en el ciclismo las cosas no son estrictamente así, y los grandes esfuerzos, aunque sin premio, no suelen quedar sin reconocimiento, aunque sea el efímero del aplauso o la ola que pida el comentarista de turno. Así, algunos corredores han sido aclamados, y respetados, por precisamente no ganar, pero intentarlo con todas sus fuerzas, a veces, como en el caso de Raymond Poulidor, mucho más que otros ciclistas que sí ganaron. Ejemplos, muchos, como el del desaparecido Marco Pantani contra Lance Armstrong tras el desplante en el Mont Ventoux, que no sirvió al italiano pero que muchos recuerdan. O el último de Hinault, que no venció pero que atacó en todas partes, como el propio Zoetemelk unos años antes. No ganaron, pero su recuerdo aún perdura, seguramente por encima de ganadores eventuales de algunas pruebas que sí, figuran en un palmarés, pero no en la retina de los aficionados, esa que se va pasando de generación en generación y termina en mito, en leyenda. En un deporte en el que el ganador no es el todo de la ecuación, el propio apaño es el que acaba con la esencia, aunque los objetivos se diversifiquen. Por eso apelar al apaño es una forma patética de evaluar tu propia grandeza, te anula para el recuerdo.


Y poner el ejemplo de Miguel Induráin es un error, no una justificación. Cada uno corre como quiere, como le parece. Así como unos se ponen de pie en los ascensos, otros suelen hacerlos sentados. Pero una cosa no quita a la otra. Personalmente prefiero ver una etapa como la de ayer que el lamentable papelón de Jens Voigt y Juanma Gárate en el Giro de Italia de 2006 en el Passo di San Pellegrino, donde al alemán le faltó bajarse de la bicicleta para dejar ganar al español. Eso no es competición, y competición es lo que es el ciclismo profesional, no precisamente darse una vuelta por los alrededores del extrarradio de la ciudad de turno en un carril-bici pintado de rojo. Muchas veces se olvida. Mentando al navarro, casi siempre. Como ejemplo de deportividad(¿?) y de caballerosidad. Será ahora. Mayores caballeros que hubo en su momento en el ciclismo no los hay desde hace 20 años, ellos eran caballeros fuera de la carretera, con un respeto y unas maneras esquisitas, pero en el asfalto eran ciclistas, en el mayor sentido de la palabra, profesionales, y luchaban por todo por todos los medios, sin esperar en caídas, sin esperar en pinchazos, sin respetar la orina de un líder. Y no por ello algunos dejaron de convertirse en leyendas.


El apaño es más antiguo que el propio ciclismo, pero la competición también, por eso es un error apelar a la tradición, porque como tradición de competición pocos ejemplos hay como el ciclismo. Y si no se apela a la historia, se amenaza: "Que estén tranquilos porque los pobres también sabemos hacer daño aunque no podamos ganar" decía Alvaro Pino ayer. Su obligación como equipo es hacerlo lo mejor posible, no ayudar en otros tejemanejes porque te han dejado ganar en una etapa. No sólo se intenta el apaño, sino que si hubiera habido apaño, después hubiera vuelto a apañar para no hacer pupa a los bienhechores. Parece mentira que estas cosas no sean motivo de multas y sin embargo se saquen de contexto otras muchas cosas de este deporte. Bien es cierto que el chuparruedismo no es una práctica correcta, muy extendida en el ciclismo actual además, pero muchos sólo la tienen en cuenta cuando les parece. Muchas otras veces se produce sin necesidad de acabar con apaños y nadie dice nada, todos tan contentos con el ganador. Habrá que recordar simplemente que Eddy Merckx es el verdadero Dios Mayor del ciclismo(aunque sea una expresión torpe y basta), y muy pocas veces(una Paris-Tours a Basso aunque realmente hizo de lanzador) o ninguna dejó que los demás se llevasen su parte, porque el ganaba lo que podía, sin importar el desarrollo en la carretera, para eso era un profesional.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La Vuelta, mejor en Septiembre


Este invierno llegaron rumores sobre una de las pocas razones que hacen de la Vuelta una de las 3 grandes carreras ciclistas del calendario internacional: parece ser que a alguien se le había ocurrido que podría volver a su tradicional fecha, finales de Abril principios de Mayo. Digo tradicional porque la Vuelta por correrse se ha corrido hasta en Julio, por ejemplo en esas desfallecidas ediciones que venció el nunca valorado Julián Berrendero, el negro de ojos azules, uno de los más grandes corredores españoles de la historia(que por temas más extradeportivos que ciclistas, ha dado con sus huesos en un cierto e inmerecido olvido), en 1941 y 1942, en esos caminos de cabras que eran las carreteras españolas de la época encima lastradas por la acción de los bombardeos y la reciente Guerra Civil, en dos ediciones marca de la casa, con apenas 35-40 ciclistas en la línea de salida. Y es que si de algo ha adolecido siempre la carrera española ha sido de una organización bastante pobre, tanto en personalidad como en el simple tema económico, en parte gracias a una iniciativa privada francamente baja.


Y es que la Vuelta a España sigue buscando una identidad que aún, después de 62 ediciones(sin contar con la de este año), no ha encontrado en ninguna época, tan sólo destellos particulares en ediciones concretas. Desde sus períodos de no-organización(en ocasiones por guerras y pobreza general, a partir de 1950 por desgana absoluta como cuando el diario Ya renunció a volver a organizarla desde 1950 a 1955, año en el que El Correo le dio por fin el empujón necesario para considerarse una carrera seria) hasta las chapuzas organizativas de los famosos conos en carreteras semi-cortadas o las carreteras y pasos medio-hechos sin señalizar, ha ocurrido de todo, incluso pucherazos y situaciones absolutamente rocambolescas(como el positivo general de la vuelta de Arroyo de 1982 de Metilfenidato). Este bagaje histórico sin lugar a dudas no le genera los réditos de los que disfrutan principalmente Tour de Francia y Giro de Italia, que bajo ese manto mítico de su historia y de sus períodos mágicos, como centro de atención mundial en su momento, pueden esconder ciertas carencias en su desarrollo.


La Vuelta por lo tanto ha vivido de momentos puntuales, de que algunos de los grandes, como Merckx en 1973, Hinault o los grandes sprinters como Van Looy, vinieran bajo la premisa de mucho dinero de antemano(en el caso de Merckx la mitad del presupuesto) y de recorridos a la carta para brillar sin oposición, renunciando a otros objetivos, y las ganas de correr en una de las 3 grandes(más por peso específico del país y de ser una vuelta de 3 semanas, que por prestigio real) de algunos corredores sin necesidad de pasar por las selecciones del Tour o el peculiar estilo del Giro. El problema del dinero, que evidentemente hacía menos atractiva la ronda a los más grandes salvo en casos especiales, siempre fue una constante, y la sensación de que en algún momento volvería a tener problemas para organizarse también, sobretodo el año en que Unipublic se hizo con las riendas, en 1979, pasando momentos angustiosos tras la salida del El Correo. La organización, siempre lastrada por ese punto, ha adolecido de la necesaria tranquilidad para poder hacer las cosas de la mejor manera, a veces inventando fórmulas absolutamente irrisorias de forma voluntaria, como los torpes recorridos de finales de los 90, más parecidos a una vuelta de una semana de Febrero que de una Vuelta de 3 semanas.


La necesidad de la innovación, sin contar con una base previa de tradición, ha sido la piedra angular estos últimos años, con cambios en los organigramas técnicos de la Vuelta. Ese tema, de por sí ya tocado de la herencia, no hace mucho en favor del prestigio de la ronda española, más si los recorridos dependen, cada vez más, de los falsos santuarios creados a vuela pluma para la renovación de imagen, como el Angliru, el múltiple uso de Abantos, Xorret de Catí o La Pandera. Si unimos ese punto negativo de la organización, con el negativo de una historia muy reducida en relación no sólo a otras grandes vueltas de 3 semanas, sino incluso con clásicas y carreras cortas, hacen un lúgubre horizonte para la Vuelta. Pero hay un resquicio que cada vez más rescata a la Vuelta del abismo: la excelente participación. Mas allá de los españoles, algunos más o menos centrados(y algunos de infausto recuerdo cuál robots en las despiadadas y despobladas autovías meseteñas), la cercanía del Mundial, y la diferencia con las otras grandes le lleva siempre a un variopinto grupo de rebotados que sucumbieron en el Tour, clasicómanos que buscan el punto para la gran cita, sprinters llegando al último golpe de pedal en su terreno... a veces(y más ahora con la política agresiva del Tour) se pueden ver mejores corredores en las carreteras españolas que en las francesas.


Por éso, porque la excelente participación es un inmenso regalo que recibe la organización sobretodo por el buen puesto que ocupa en el calendario, sería un gravísimo error re-colocarla entre las clásicas y el Giro, en un lugar que encima estaba pendiente del clima en las citas montañosas, con días de perros en jornadas decisivas que apetecían muy poco entre Abril y Mayo. En la búsqueda por esa identidad no debe olvidar la Vuelta a España que no puede perder lo que realmente nunca ha tenido, ni poner en peligro lo más valioso que hoy en día tiene. La identidad de la Vuelta es un leve trazo que junta momentos puntuales memorables y ediciones olvidadas como palmareses viejos y grises. Sin un entramado social que la apoye, con cunetas vacías sea en el momento del año que sea, con una organización comprada y vendida al mejor postor, sea positivo o negativo para la carrera y de cualquier manera(y en cualquier momento), la Vuelta necesita del colorido y del (ya poco dada la credibilidad del ciclismo) brillo de sus estrellas, sin él, en un mundo ciclista estrujado por el dopaje, el inmovilismo y la falta de inversión, posiblemente no sería viable una ronda desestructurada como la que contamos hoy.



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Por cierto, la idea del maillot rojo, que distinguiese al líder de la prueba y que por fin fuera diferente al amarillo me parece bien. Cuando no tienes tradición que respetar, el cambio siempre es a mejor, porque aunque no salga no pierdes nada.

martes, 1 de julio de 2008

El Tour condona su deuda con Ocaña, Tour 1973

Luís Ocaña Pernía es muy posiblemente el segundo mejor corredor de la historia de España. Esta afirmación, que para muchos puristas seguramente será una aberración, habituales amantes de la veneración sobre Pedro Delgado o Federico Bahamontes, me parece una forma de definir a un ciclista con tanta clase como temperamento. Es muy sencillo refutarla, y precisamente no por su palmarés, ya de por sí extenso y rico, sino por cómo y contra quién lo logró. El corredor de Priego es el único corredor que fue capaz de vencer a Eddy Merckx en sus mejores momentos en la grande boucle. Y no se trata de ganar en una diferencia de tubulares, se trata de dominar al belga, de hacer peligrar su victoria tanto, tantísimo, que le obligó a poner en juego su físico, su carrera incluso, para tratar de devolverle la jugada. Pero la carrera francesa tenía una última broma a Ocaña en ese verano de 1971, en forma de tormenta dantesca en la subida y posterior bajada del col de Mente, un puerto más que dejaría de ser anónimo para siempre ese día. El maillot amarillo por los suelos, destrozado física y anímicamente después de haber conseguido el imposible, poner contra las cuerdas al mejor corredor de la historia, al emperador del ciclismo.


No hace falta decir mucho más, simplemente ahondar en las características de un ciclista soberbio, de un talento único que tuvo la mala suerte de encontrarse con el mejor, y que tampoco supo sobrellevar su carácter hacia las mejores prestaciones. Contrarrelojista fantástico, ganador del Gran Premio de las Naciones amateur y profesionalmente, en el que era el campeonato del Mundo no-oficioso de la época. Pero también un corredor de raza, de pedaleo ágil que le convirtió en un escalador tremendo, capaz de los cambios de ritmo más tortuosos para sus rivales. Y luego estaba su carácter. Fuerte, rudo en las formas, de sinceridad descarnada, así era el "español de Mont en Marsan", quizá poco racional en algunos momentos, que parecía que le faltaba un poco de repensar las decisiones antes de ejecutarlas. Pero sin ello no hubiera sido lo que fue, un aguerrido competidor, incapaz de dar nada por perdido por difícil que fuese. Y en el Tour de 1973 se encontró a la horma de su zapato, José Manuel Fuente, el escalador más impresionante de su época, a la altura de los Bahamontes, Gaul o Coppi. Subido en su bicicleta no había puerto en donde no impusiera su bailoteo extremo para sus rivales, de un hachazo dejaba seco al pelotón, y cuando nadie podía dar una pedalada más rápido, bajaba un par de piñones para "poder hacer distancia".


Si Ocaña era peculiar, Fuente era el "raro entre los raros", un ciclista único tanto dentro como fuera de la carretera, como el conquense, sinceridad meridiana, nada de justificar nada, simplemente luchar. Su pero: la concentración. No era un buen rodador, pero tampoco estaba preparado para concentrarse al 100%, parecía incapaz. Cuando estaba centrado, era imparable, sus rivales lo sabían. Cuando atacaba muchas veces le dejaban marchar, sabían que no podrían aguantar jamás su ritmo en montaña. Una vez ahí, cabían dos posibilidades, que anduviese fino y había que contar las pérdidas y estragos causados, o que le diera una de sus míticas pájaras por no comer, o porque su organismo se llenaba de las toxinas que sólo uno de sus riñones podía filtrar. Entonces 50 kilómetros más allá lo encontrarían a paso de tortuga llegando a meta como pudiera. En 1973 Ocaña venía de ser segundo tras Eddy Merckx esta vez en la Vuelta a España, que había dominado el belga para completar su palmarés. Venía en gran forma, se sabía con posibilidades pese a su mal Tour del año anterior. El caníbal no participaría después de haber hecho doblete Vuelta-Giro, y las posibilidades se abrían. Entre los rivales el eterno Raymond Poulidor, un corredor regular en todos los terrenos, un hombre al que la historia del Tour de Francia jamás le dio lo que hubiera merecido por méritos propios. El joven Bernard Thevenet, que había sido el tercero en la Vuelta y ya tenía etapas y buenos puestos en el Tour. Joop Zoetemelk, que había hecho podio en pasados Tours, Lucien Van Impe, escalador belga ganador de los últimos premios de la montaña...


El holandés da primero siendo líder en el prólogo disputado en su tierra, de nuevo dejando a Pou Pou con la miel en los labios siendo segundo por unas décimas. Las siguientes etapas son aprovechadas por los rodadores, y un Van Springel que se hacía con el amarillo tras una escapada culminada por Catieau, y por el equipo Watney-Maes de Wally Planckaert y Jens Verbeeck, que vencen sin trascendencia en la crono por equipos del primer sector del segundo día. Ocaña, que se había caído en principio sin consecuencias en la primera etapa, llega a la tercera con algún rasguño pero con una idea en la cabeza: dar un golpe mortal a los rivales donde menos lo esperan. La etapa termina en Reims, proveniente de Roubaix, la mítica localidad que cierra el infierno del Norte. Por supuesto, la organización ha preparado una carrera ratonera, con algunos tramos de pavé habituales en la clásica. El Bic prepara una encerrona en la vereda adoquinada de Querenaing, donde el viento cambia radicalmente a pasar a viento de cara casi al coronar, lugar donde ataca Ocaña junto a sus compañeros Catieau, Vasseur, Mortensen y Schleck, colándose con ellos el rapidísimo Cyril Guimard y unos pocos más. A más de 100 kilómetros de meta, toma descolocados a los demás favoritos, siendo Poulidor y su dorsal 1 los más proclives a la reacción.



Justo antes de la llegada a los Vosgos, Ocaña ha metido ya 2.34 a Raymond Poulidor, Zoetemelk, Thevenet y Van Impe, y más de 7 a Fuente. La general la pasa a liderar su compañero Catieau. En los primeros pasos montañosos se suceden las habituales escapadas sin peligro para la general, hasta la llegada de las estribaciones alpinas, donde Ocaña ataca el el Soléve en solitario para ponerse líder, un amarillo que podrá por fin llevar hasta París, no sin antes protagonizar la etapa más importante, la más espectacular de la historia del Tour de Francia. Cualquier buen aficionado sabe lo que ocurrió en ese mítico escenario entre Meribel y Les Orres, con La Madeleine, Galibier(por el lado del Telegraphe), Izoard y Les Orres por delante. A más de 100km de meta, en el Telegraphe ataca Fuente, deja despatarrado a todo el pelotón salvo a Ocaña, que intenta mantener el acuerdo de colaboración entre los equipos españoles con el Bic para la victoria de Ocaña en la general. Pero Fuente no atiende de pactos fuera de la carretera, hasta 30 hachazos da intentando dejar al maillot amarillo, sin poder lograrlo. Lo siguiente es historia, historia del gran ciclismo. Ocaña tira en solitario con el asturiano a rueda en el Galibier, en el Izoard y en Les Orres ya sólo, tras el pinchazo de el tarangu.



Al final 1 minuto diferencia a los dos españoles en la cima, a la que Ocaña llega absolutamente exhausto. Thevent llega a 7 minutos, regulando sus posibilidades de podio.después, la nada. Zoetemelk llega a 20 minutos siendo el ¡6º! en la etapa. Ocaña sentencia el Tour a lo grande, a lo Merckx. Al estilo de Orcieres Merlette en 1971, donde el propio caníbal había comentado que "había dominado al pelotón como el torero al toro en la plaza", después de sacar casi 7 minutos en solitario a todos los demás. No sería la última etapa ganada por el español en 1973, después de la increíble exhibición del día siguiente de vicente lópez Carril escapado en solitario casi toda la etapa, que cerraba el trayecto alpino. Ocaña ganaría la siguiente contrarreloj individual, sobre un Poulidor que abandonaría al día siguiente por una caida. La llegada de los pirineos lleva a otra exhibición del conquense, atacando en el Portillon y llegando a Luchon en solitario, donde Zoetemelk fue el único que le vio de cerca, y cómo no, también la etapa del Pui de Dôme, hoy casi olvidado, tenía que ser para el líder, en una de sus cimas más favorables tras un ataque en solitario. Pero aún faltaba la guinda, con la victoria parcial en la última de las contrarrelojes individuales, sobre un Thevenet que defendía su segunda posición sobre Fuente, que acabaría fallando también en su intento de conquistar el jersey de la montaña, que fue para Pedro Torres, que había ganado un etapón camino de Pau.
Así,


Luís Ocaña
dominaba el Tour de Francia de 1973 a su antojo, uno de los mejores de la historia, marcado por la etapa más grande de todas las disputadas seguramente en los más de 100 años de la carrera francesa. Protagonizado por dos españoles, el Tour sin Merckx se convirtió en un toma y daca impresionante, en una exhibición de talento de un Ocaña que hizo olvidar la ausencia del caníbal. La increíble general terminaba así:
1. Luis Ocaña (Esp) en 122h25'34"
2. Bernard Thévenet (Fra) à 15'51"
3. José-Manuel Fuente (Esp) à 17'15"
4. Joop Zoetemelk (Hol) à 26'22"
5. Lucien Van Impe (Bel) à 30'20"

miércoles, 4 de junio de 2008

El precio de la historia


Tras la victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia, se ha abierto la posibilidad de que el corredor madrileño pueda lograr este mismo año lo que nadie ha conseguido desde que Bernard Hinault se coronara en Milán el 6 de Junio de 1980 tras el descalabro de Giuseppe Saronni unos días antes: tener en el palmarés las 3 grandes carreras por etapas, Tour de Francia, Vuelta a España y la mencionada ronda italiana. Curiosamente, dos de los 4 corredores que lo han logrado, Felice Gimondi y el propio Hinault, tenían 25 años(para cumplir 26 a término de año) cuando lo lograron, la edad que tendría Contador de conseguir ganar el maillot oro en Madrid en este 2008. No hace falta decir que el ciclista de Pinto es el único corredor en activo que puede lograrlo, con una edad muy temprana en la que es muy complicado destacar en un deporte que casi siempre se ha caraceterizado por mejorar desarrollos en relación a la edad, sobretodo en el tema de la resistencia y el aguante, además de la propia experiencia en carrera. Sin embargo este nuevo fenómeno va camino de igualar los registros de ese póker de ases que representa sin más argumentos el olimpo del ciclismo.



Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx y Bernard Hinault representan la gran historia del ciclismo desde 1953(año de la victoria semi-amateur de maitre Jacques en el Gran Premio de las Naciones) hasta la pronta retirada de le blaireau, en 1986. 3 décadas de ciclismo escrito con letras de oro, de gestas, de protagonistas y de palmareses excepcionales. Cada uno en su estilo y en su época marcaron las tendencias a seguir por sus rivales. Tan sólo en el caso del italiano, que tuvo la mala suerte de convivir con el caníbal, existe fricción entre los dominadores. Jacques Anquetil se retiró a finales de los 60, justo en el momento de arranque de la carrera de Merckx, que a su vez fue difuminando su dominio hasta la ruidosa llegada de Hinault a finales de los años 70. Gimondi desde la irrupción del caníbal en las grandes vueltas en su primera "grande", el Giro de Italia de 1968, sólo pudo vencer en una, precisamente el Giro del año siguiente donde Merckx fue descalificado con la maglia rosa, y se dedicaría a coleccionar puestos de honor y pódiums, siendo el corredor con mayor número de ellos en la carrera transalpina.



Los 4 eran corredores de una gran versatilidad, pese a que fueran principalmente más regulares que escaladores. Anquetil tuvo un genio en la contrarreloj sólo comparable a Miguel Indurain, siendo probablemente el peor en la montaña de los 4, el que peor lo pasó, y el que tuvo que resistir los ataques de los mejores escaladores de la historia, entre ellos Federico Bahamontes, Charly Gaul o el propio Raymond Poulidor, que también fue coetáneo de Gimondi y Merckx. Felice Gimondi, fichado por el Salvarani por vencer el Tour de promesas y que ganó la ronda francesa el año de su debut, fue un corredor de una clase absolutamente maravillosa, completo en casi todos los terrenos, y con una inteligencia en carrera tremenda, con un conocimiento altísimo de sus rivales y de sus propias fuerzas, y sirviéndose de ello para leer la carrera. De esa manera ganó el campeonato del mundo de Montjuic de 1973, donde aprovechó la guerra declarada entre Maertens y Merckx en un grupo en el que también estaba Luis Ocaña(que ganó el bronce) para hacerse con la victoria. Del ogro de Tervueren poco se puede escribir de su grandeza, así como de Bernard Hinault, a los que ya relacioné no hace mucho tiempo en este post. Estamos hablando de 4 grandes sin discusión de la historia del ciclismo.



En este escenario aparece la "posibilidad" de Alberto Contador. Dejando de lado la edad ya que como se ha visto no tiene mucho que ver en estas comparaciones, ¿podría decirse que sería un digno socio del club?¿quedaría elegante un repóker con el ciclista madrileño? Evidentemente es pronto para analizar cualquiera de las dos cuestiones, acabe ganando o no acabe ganando la Vuelta a España Contador este año o cualquiera de los sucesivos. La grandeza de los nombres a los que sería añadido o vinculado el de Pinto es enorme, comprendida en más de 30 años en los que fueron alma y protagonista de los momentos que hasta hoy nos han llegado, de lo que ha sido y sigue siendo la edad dorada del ciclismo. Quizá la mayor grandeza de éstos corredores no la representen sus victorias, su triple corona o su palmarés. Quizá la mejor comparación se pueda hacer en la propia competencia que tuvieron que sortear para poder vencer en las grandes. En eso, hoy por hoy es donde Contador sale peor parado. Si echamos la vista atrás, y vemos los rivales a los que se enfrentaron nuestros 4 protagonistas, salen nombres como los de Federico Bahamontes, Charly Gaul, Roger Riviere, Raymond Poulidor, Jan Janssen, Gastone Nencini, Joop Zoetemelk, Luis Ocaña, José Manuel Fuente, Giuseppe Saronni, Francesco Moser, Giovanni Battaglin, Giuseppe Saronni... corredores que están por derecho propio entre los más ilustres de siempre.



Es difícil ver en esa lista a Levi Leipheimer, Marzio Bruseghin o Cadel Evans, corredores ya contrastados y veteranos que será complicado que dentro de 20 años les veamos como vemos a Ocaña, o a Gaul. En otros casos, como el de Riccardo Riccó todo puede pasar aún, la juventud y calidad que atesora puede darnos grandísimos duelos, o no, como Michael Rassmussen, Alexandre Vinokourov o Ivan Basso que se quedaron fuera de juego de cualquier manera,u otros de forma natural, y no artificial. Como dije antes, aún es pronto, muy pronto para poner en su sitio las victorias de cualquier corredor que ahora asome en los palmarés o asome en los hitos del ciclismo. El propio tiempo pondrá a cada cuál en su lugar, y nos dará la perspectiva correcta para poder hacer nuestro análisis, que hoy por hoy evidentemente no es satisfactorio para dimensionar las victorias de este escalador que puede entrar en un club elitísimo y que aunque muchos, en una pirueta oportunista quieran encajonar con los grandes, no se encuentra. Ése es, sin duda, el precio de la historia.

jueves, 29 de noviembre de 2007

¡Aurrerá, aurrerá!


Decía Jesús Galdeano, navarro de Iguskiza: "Loroño era distinto, los del País Vasco, cuando tienen una figura, se vuelcan, van a los sitios que sea, y si hace falta gastar dinero se gasta, y hay que dar ánimos y hay que estar encima" en contraposición, claro está, de Federico Bahamontes. Eran los años 50, y el ciclismo español vivía, por enésima vez, enrarecido por un tenso ambiente en la federación velocipédica. Moscardó llevaba las federaciones como si fuesen cuarteles, con ese ambiente castrense que llevaba la España de finales de los 40 y principios de los 50. Como presidente del COE(Comité Olímpico Español), las decisiones más generales, las directrices básicas debían salir de su despacho. Se sucedieron los seleccionadores, unas veces por no saber llevar las relaciones con el "Conde del Alcázar", casi siempre por el ambiente entre los ases españoles, siempre recelosos de los méritos de los demás. Mariano Cañardo, Julián Berrendero, Luís Puig, Dalmacio Langarica... se sucedieron en el cargo en los años 50. Los problemas, las alianzas y enemistades, putrefactaban el ambiente en las selecciones, incluso en la Vuelta a España. Así era la vida de los ciclistas españoles.


Buscando la mayor presencia, la mayor atención, que significaba dinero y seguir la senda millonaria del ya triunfador Bernardo Ruíz, el pipas, los corredores patrios recelaban de todo, y de todos. Su trabajo en equipo era inexistente en la mayor parte de los casos, y la jerarquía en los equipos nacionales era tanto inexistente como subjetiva, dependía mucho de las relaciones personales y las alianzas aprovechadas entre unos y otros para sacar tajada. Así las cosas, era difícil hacer buenos papeles en las citas más prestigiosas, sobretodo porque cada uno hacía la vida por su cuenta o contaba tan sólo con la ayuda de algún doméstico leal o directamente comprado en carrera. A pesar de que algunos, como el ya citado Galdeano, se dejaron la piel por otros, muchas veces su trabajo era desaprovechado, ya fuera por una táctica de equipo equivocada y mal efectuada, otras veces porque el propio líder era incapaz de dominar su equipo, o lo malgastaba de mala manera. Uno de los grandes ejemplos de ésto último es el propio Fede, una persona que aún hoy, 40 años después, se queja de que "en sus años" nunca pudo disfrutar de un equipo con la suficiente disciplina, algo que no es cierto. Bajo el liderazgo y el carisma de Dalmacio Langarica el propio Bahamontes pudo disfrutar del primer equipo solidario y unificado de la selección española en 1959. Loroño, por otra parte, era mucho más callado, mucho más reflexivo.


Como personajes antagónicos, de una manera u otra tenían que chocar. Y más con Federico que chocó con todos los corredores que pudieron hacerle un mínimo de sombra, Poblet, Suárez y sobretodo Bernardo Ruíz. Jesús Loroño, por su parte, se había hecho un nombre entre los escaladores españoles en sus primeros años de profesional. Octavo de 9 hermanos, vivía en un caserío propio de la zona. La bicicleta era su medio de transporte, su medio de vida. Y a escondidas se ganaba unos duros en las carreras locales, intentando no dejar pistas que pudieran hacer pensar a su madre que era ciclista profesional, no quería "darle disgustos". Y fue compitiendo con los mayores, y fue haciéndose un nombre con victorias en la subida a Arrate, o al Naranco, o el Circuito de Getxo. Ahorraba ese dinero, se compraba el material que necesitase, para poder marchar a las mejores carreras, a la Volta a Catalunya, de la que ganó una etapa en 1951, terminándo la carrera en sexta posición. El año anterior había debutado en la Vuelta a España, haciendo el vigesimoprimer puesto final, enrolado en ZZ, con Dalmacio Langarica, al que le unió una buena amistad desde casi el principio, como compañeros de habitación de hoteles de muchas carreras(amistad que se paró en 1959, cuando Langarica, como seleccionador, dejó fuera a Loroño, y fue golpeado por un periodista vizcaíno, en el año del Tour que ganó Bahamontes).


Su año clave fue 1953, donde disputó su primera carrera importante fuera de España, el Giro de Italia. El seleccionador de entonces, Mariano Cañardo, le dijo: "mira Jesús, te voy a llevar a Italia". Loroño intentó deshacerse de la propuesta, no le hacía gracia ir a la Italia de Fausto Coppi, que haría su doblete Giro-Mundial. Cañardo le amenazó con no dejarle participar en ninguna otra carrera internacional si no iba al Giro, pero su 43º posición final le permitió demostrar al seleccionador que era capaz de correr con los más grandes. Y le abrió las puertas del Tour de Francia. Y no iba a desaprovechar esa oportunidad. Con 10.000 pesetas, con una bicicleta que le había dado la organización y que pesaba bastante más que la de los Louison Bobet(a la postre vencedor del Tour, el primero de 3 consecutivos), André Darrigade o Fiorenzo Magni y con Langarica de tutor, Loroño comenzó con dudas en el llano, con la lluvia y el frío. Acercándose a los Pirineos, notó el calor y se animó. Así, en una etapa memorable, con llegada al Cauterets, al pie del Aubisque, atacó mientras un paso a nivel se cerraba y se fué en solitario, culminando la escapada. En la cima, el seleccionador, Mariano Cañardo le agradecía el esfuerzo con lágrimas en los ojos. Se ponía líder de la montaña. Pero al día siguiente era Robic el que hacía la gesta entre Cauterets y Luchon y se ponía tanto líder de la carrera como de la montaña. Pero Robic no era bienvenido.


Como corredor ya veterano, y enrolado en un equipo regional, no gustaba como líder. Y Louison Bobet, la nueva estrella gala, y el campeón de Francia, Raphaël Geminiani, pusieron a su equipo nacional de acuerdo para acabar con el bretón. En la etapa de Berziers, imponen un fuerte ritmo. Robic se descuelga, pincha y pierde en la meta 38 minutos. Dos días después se retirará del Tour por la puerta de atrás, el liderato de la montaña está en las manos de el León de Larrabetzu, con claridad, a la espera de los Alpes. En el día grande de la carrera, con final en Briançon tras la subida a Vars e Izoard, en el que Bobet iniciará su racha de triunfos y su míticas citas con la caisse déserte, Loroño se lanza en Vars a la captura de Van Nolten y otros, que habían saltado antes. Con él, en plena ascensión, se une Bobet, como una moto, y ambos dan caza a los fugados. En el Izoard, el francés se va en solitario irremediablemente, en una gesta maravillosa que mantiene las cunetas repletas de exaltados aficionados, llegando a la meta con más de 5 minutos de ventaja sobre el holandés y Loroño, y más de 8 minutos a los que no pudieron seguirle en Vars. Sentencia el Tour, y Loroño, con sus cuentas, el de la montaña. Salva el Tour para los españoles. Un Tour en donde no pudo ir Bernardo Ruíz, que había sido 3º en el Tour de 1952, tras un escándalo tremendo en el Giro, con la consiguiente bronca entre él y Cañardo, el seleccionador.


Jesús pudo disfrutar de sus criteriums post Tour, de los agasajos, de llegar a España y a su tierra como un héroe. Se había convertido en estrella, de la noche a la mañana. En un viaje a Granollers, se produce otro de los episodios más chuscos de la historia del ciclismo español. Al aeropuerto de el Prat va a recogerle Cañardo, para llevarlo al homenaje de una peña de allí. No cuenta con que en el mismo lugar irán Bernardo Ruíz, el pipas, y Miguel Torelló, un mecenas del ciclismo que era primo de Juan Antonio Samaranch. Y se monta la gorda. Y Cañardo pega a ambos, a éste último sin motivo ninguno. Fue su final al frente de la selección. Fue sustituído por Julián Berrendero, el negro de ojos azules de San Agustín de Guadalix. Para Loroño, ese año 1954 significaría el paso atrás decisivo. Preparó el Tour con mimo. Fue incluso a París-Roubaix, al Giro, todo enfocado a volver con buen pie al Tour. Incluso ganó el campeonato de España de montaña. Pero en junio, escapado con 10 minutos de ventaja sobre el pelotón en el GP San Juán, se cruzó una moto en su destino. Y directo al hospital. No pudo ir al Tour, pese a que sus lesiones no fueron demasiado graves. Perdió esa oportunidad. Y fue Bahamontes quién la aprovechó, mostrándose como un escalador maravilloso, haciendo olvidar el trabajo de Loroño. Y, a partir de su retirada absurda en el Tour'57, convertirse en la esperanza española en el Tour. El vasco, sin embargo, sí hizo un buen Tour de Francia de 1957, una vez retirado Fede, ya que pudo disfrutar de alguna rueda de algún gregario cuando él pinchaba, terminando en 5ª posición.


Sus otros momentos de gloria serían en la Vuelta a España, que reaparecía en el calendario en 1955 tras 5 años sin organizarse(y no volvería a faltar). En 1955, en el equipo nacional con Bahamontes, Bernardo Ruíz, Miguel Poblet o Salvador Botella, sin ayuda ninguna de ninguno de ellos, acabó 4º tras perder el liderato en la 5ª etapa, en la que quedó retrasado y ningún compañero bajó al su grupo a ayudarle. El año siguiente fue aún más lamentable. Tras aguantar sin equipo hasta la última etapa a pocos segundos de Angelo Coterno, líder desde el segundo día, el italiano estaba enfermo de gripe, algo que evidentemente no pasó desapercibido para nadie. La última etapa era una peligrosa incursión entre Vitoria y Bilbao, la tierra de Loroño. Con la subida a Sollube, que el de Larrabetzu conocía a la perfección, parecía que el enfermo italiano no podría atajar los ataques previstos del vasco. Por eso se dedicó a comprar los equipos rivales. Así, mientras Loroño atacaba con todas sus fuerzas, equipos como el de Rik Van Steenbergen se dedicaron a empujar descaradamente a Coterno. El resultado fue minimizar las pérdidas, y una llegada masiva a Bilbao que ganó en propio Rik I. 13 segundos de diferencia, esa fue la distancia, Jesús en solitario, sin ayuda de gregarios para endurecer la carrera y Coterno con ciclistas importantes comprados a alto precio. Tras estas dos experiencias, la tercera tenía que ser buena, o la última. Afortunadamente esta vez para Loroño, la enemistad Ruiz-Bahamontes pasaba por su peor momento.


Por eso, Bernardo Ruíz, y su aliado en los despachos Luis Puig(nuevo seleccionador nacional), cuando vieron que Fede se ponía líder en las primeras etapas de la Vuelta a España de 1957, pensaron cómo hacer que ganase cualquier otro. Y movieron sus piezas. Primero a Salvador Botella en la etapa entre Valladolid y Madrid, y después en territorio levantino, la casa de ambos, cuando el toledano había recuperado el liderato. Fue el propio pipas en persona el que, junto a Loroño y otros escapados italianos, se marcharon del grupo camino de Valencia, con Fede desesperado, intentando seguirles, siendo agarrado del culotte por Galdeano, y tapado con el coche de la organización(casi se parte la crisma tras un volantazo de Puig intentando impedir su salida del pelotón). Loroño llegaba con varios minutos de ventaja junto con Ruiz en una etapa que ganaba Bruno Tognaccini. Bahamontes perdía definitivamente la Vuelta, que jamás ganaría, y se pasaría las siguientes etapas gritando "¡robo, robo!" a diestro y siniestro. Y Loroño, en el hotel, tras todo un día de aguantar a Fede diciendo "que si Loroño me ha robado, que si Loroño es un enchufado...", le cogió de la pechera y casi le pega. No volvieron a mirarse siquiera. Al año siguiente Loroño fue 8º ganando una etapa, año en que las tensiones Bahamontes-Loroño fueron máximas, cuando atacaba uno, el otro salía a por él, y viceversa(Luis Puig acabaría dimitiendo tras esta carrera como seleccionador). Lo curioso, es que a parte de compañeros de selección, lo eran en el equipo Faema. No se bajaría del top-10 de la Vuelta tampoco en sus dos últimas apariciones serias(9º en 1960 y 10º en el 61), además ganaría la Vuelta al País Vasco.


Este ciclista vasco, un escalador entregado y fuerte, capaz de mover desarrollos auténticamente extremos en las pendientes de porcentaje más elevado, y que había conseguido una técnica envidiable sobre la bicicleta gracias a horas y horas de sufrido y constante entrenamiento(de muy joven solía escaparse en la noche para entrenar 1 horita más y volvía sudado y sucio directo a la cama para que su madre no sospechase), además era un corredor completo. Su trabajo en la contrarreloj nunca fue tan malo como en el caso de Bahamontes. Y por ello en sus apariciones, ya veterano, en el campeonato de España(que se corría tradicionalmente en una contrarreloj de 100 kilómetros saliendo de Madrid con alguna subida a la sierra y de vuelta a la capital), brilló. Pero lo cierto es que esas carreras eran un tanto extrañas. Estaban abiertas al público, por lo que los aficionados podían coger una moto o un coche y seguir a su ídolo... y ayudarlo. En 1958, por ejemplo, Bahamontes ganó el campeonato tras ser ayudado en el primer tramo(el mejor tiempo en mitad de carrera fue de Loroño) por coches, y en la parte final se vio favorecido por el pinchazo de Botella. Se pusieron a relevos y, junto a un cazado, llegaron los 3 a meta, con Bahamontes finalmente vencedor. En 1960 Loroño fue segundo tras el madrileño Antonio Suárez, un gran contrarrelojista que se vió favorecido por el trato del público. En el 61 los mismos puestos, primero Suárez, segundo Loroño. Al año siguiente, en 1962, el emblema del ciclismo vasco planeó su retirada, no antes de firmar con el Funcor Mungia, equipo lleno de jóvenes a los que intentó dar ese apoyo de ciclismo veterano con sus enseñanzas y experiencia. Se retiró tras la Bayona-Bilbao, en un auténtico baño de multitudes, aclamado por su público, del que había sido bandera.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Tranquilo Denis, la navidad parece adelantarse.


Termina la temporada 2007 en este principio de Noviembre, los ciclistas dejan de dar pedales, es tiempo de que sus mandamases hagan su labor, y establezcan las bases de su proyecto para el año que viene, ya saben, patrocinadores, altas, bajas, nuevos reglamentos(cada pocos meses eso parece cambiar en el ciclismo), políticas de equipo y, por supuesto, atentos a posibles nuevos
"bombazos" de dopajes, de periodistas que hablan y de público que escucha. Público reducido, por supuesto, ya que sin competición a la vista parece ser más difícil seguir el ciclismo. Se ha cerrado un año más, en el que todo parece seguir igual. Hace no demasiado en otro modestísimo blog me quedé con una frase que rezaba más o menos así: "El Tour de 1996 como el de 2006". Brillante, elocuente. Síntesis de lo que realmente parece este mundo: muchas noticias escabrosas, muchas reuniones para cambiar el rumbo, muchos bandos todos con nuevas ideas y defendiendo supuestamente la misma bandera y finalmente para sus luchas intestinas de poder se la rompen en la cabeza unos a otros, muchas percepciones, pero han pasado 10 años, y esto sigue casi igual que antes. Pero volvamos al tema de hoy, que no es hablar de la actualidad, los que me lean habitualmente saben que esto no se hace normalmente en este blog.


El Giro de Lombardía que aún centellea en el templo en da carpetazo casi oficial a la temporada, la gran competición se cierra con una carrera con una historia que, desde 1905, llena el principio del otoño en su rocoso recorrido. Los más grandes siempre han tenido una cruz en esta carrera, desde los legendarios pioneros como Garrigou, Pelissier o Thys, hasta los más actuales Laurent Jalabert o Michele Bartoli. Las carreteras lombardas se pueblan de ciclistas, espectadores y hojas muertas y dan un hasta pronto al ciclismo, hasta que el frío invierno vaya desapareciendo en Europa. Se cierra la gran competición con un homenaje a una zona importante del ciclismo italiano, a lugares míticos para el ciclismo como Madonna del Ghisallo, que es oficialmente la patrona de los ciclistas. Y se sabe que el ciclismo siempre ha sido muy dado a estos homenajes, sea en forma de puertos míticos, a ciclistas y heroicidades, sea a puntos de interés incluso religiosos. La liturgia obliga, incluso un convencido ateo como Fausto Coppi fue relevista de la antorcha bendecida por el Papa Pio XII que centellea en Magreglio desde 1948. El respeto por la historia, por los que hicieron grande este deporte siempre ha sido, más que una obligación, un deber. Pocos deportes tienen tan arraigada leyenda y la han tenido siempre en cuenta a la hora de su honra.


Pero las crisis, sobretodo como la actual del ciclismo que es ante todo de personalidad, llevan tiempos extraños y convulsos, en los que los tiempos pasados parecen olvidarse, parecen no respetarse, parecen no contar. Así la época actual aparece ridículamente caricatuada en relación al pasado, muchas veces por acción más de sus propios fracasos que en las benevolencias pasadas. En esta situación se enmarca el tema de hoy. El título se refiere explícitamente a una carrera, a unos protagonistas pero es extensible a casi cualquier carrera del calendario actual, simplemente es un ejemplo evidente del cambio de actitud al que me refería en este mismo párrafo.


Y como si de regalos de Navidad se tratase, en la Vuelta a España de esta temporada su ganador, Denis Menchov, se llevó, gracias a la inoperancia de sus más de 190 rivales en la carretera, casi todas las clasificaciones, habidas y por haber, de la carrera. La regularidad la perdió en un último y definitivo sprint de Daniele Bennati que había llegado a la carrera a rodar, prepararse a que Ballerini le diese el visto bueno a su candidatura para la selección y, de paso, si podía caer alguna victoria en el zurrón, pues mejor. La montaña fue imperialmente dominada por un corredor que sólo luchaba por la general, que no disputó ni un solo puerto porque no le iba en ello. Pero es que nadie, ningún otro corredor salvo el modestísimo Serafín Martínez Acevedo, que había llegado a la Vuelta a España de rebote(y que no pudo a pesar de su lucha terminar la ronda) intentó ganar un premio que queda grabado para siempre en la historia de la carrera. Nadie salvo un debutante y neo vieron la posibilidad de gastar un gramo de fuerza más para posar orgulloso con un maillot que le identificase como primero en algo, como vencedor de algo. Ni los que luchaban por la general, ni los que no, nadie. Incluso a un corredor que lo llevó durante unos días, el belga Jurgen Van Goolen, se le veía en el podio con mala cara, como molesto por llevar algo que no quería y que no tenía ningún afán por retener.


Y era cuestión de tiempo que se conviertiera en un regalo. Al corredor de la general que estuviese más regular en la general, fuese quién fuese. Le tocó al dominador de toda la prueba. Pero podría haber sido otro. El regalo era simplemente eso: a quién correspondiese, como el que tira desde la azotea de la Torre Picasso un cheque al portador por una cantidad cualquiera. El que lo tenga lo podrá cobrar. Y la regularidad pues exactamente lo mismo. Lo único que cambió es que en una vuelta con tantos días de relleno, esta vez se la llevó un sprinter de rebote y no un hombre para la general de rebote. Pero igualmente de rebote. O eso parece. Sin lucha, sin nada. Como si conseguir una victoria en el ciclismo fuese fácil, como si fuese gratuito, que todos lo consiguen y pierde valor. Es curioso. Mientras algunos en su lucha por destacar por delante de otros llegan a la utilización de métodos prohibidos, sean cuales sean éstos, en el caso de destacar llevando un maillot que te indica como líder nadie lo lucha, nadie lo disputa. Algo raro pasa. Y más cuando en la nómina de ganadores están Julián Berrendero, Fermín Trueba(hermano de Vicentuco), Federico Bahamontes, Julito Jiménez, José Manuel Fuente, Jose Luis Laguía, Lucho Herrera o el Chaba Jiménez. Y algunos con peleas legendarias como Fede contra Jesús Loroño. Los dos más grandes escaladores españoles de su época luchando por lo que hoy descarta Jurgen Van Goolen, es cuanto menos curioso.


Y ésto no es cuestión tan sólo de la Vuelta, aunque en la carrera patria sea aún más bochornoso. Incluso el Tour de Francia padece las consecuencias. Por ejemplo en sus maillots, cada vez menos honrosos. Mientras que antes ganar un maillot de la montaña era motivo de heroísmo, de mucho dinero y por lo tanto de éxito y de lucha, ahora parece abocado a una lucha de secundarios, o de batir récords antiguos. El maillot verde, una auténtica religión(otra más) entre los hombres rápidos, que se batían el cobre con los más completos, dándonos luchas protagonizadas por monstruos como Rik Van Looy, Stan Ockers, Francesco Moser, Eddy Merckx, Sean Kelly, Jan Janssen o Bernard Hinault, se ha convertido en un coto de 3 ó 4 ciclistas que ponen a un par de hombres a tirar para luchar unas cuantas metas volantes. Incluso en las propias carreras cada vez se nota menos lucha. Como si los vítores, las victorias y los besos de las azafatas estuviesen ya dados de antemano, son pocos los valientes, son pocos los que realmente optan a la victoria. Mientras casi todos hablan sólo de lo mismo, como discos de vinilo rayados y sin cambio, de la peste de siempre, siempre esa misma peste, pocos escritos en prensa se leen sobre la falta de lucha en prendas tan legendarias como el maillot de la montaña. Como mucho alguna vieja gloria achacándolo a la "especialización del ciclismo", olvidando que eso existe desde casi desde que el ciclismo es ciclismo. Debe ser que una de las características del ciclismo de ahora es su generosidad.